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sábado, diciembre 21, 2019

Lo que voló con la bomba

(PD)

Este año se cumplieron 74 años de la bomba de Hiroshima. Ese día murieron 250000 personas en una fracción de segundo. Y cambió el mundo. De una forma tan dramática, que se hace difícil verlo hoy, porque cuesta imaginar un contexto diferente.

Junto con el nazismo, las armas nucleares fueron la principal justificación del movimiento anticientífico en la segunda mitad del siglo XX. La izquierda occidental mutó desde su falacia inicial de que marxismo era una teoría científica de la Historia, a su presente desvarío de que la ciencia es un invento capitalista.

Se generaron fábulas sobre cómo la ciencia había justificado al nazismo, cuando en los hechos esas justificaciones nunca tuvieron nada de científicas. Se inventó una visión de la ciencia como la responsable de la bomba atómica, algo que sonaría ridículo si no fuera porque está tan difundido. Peor aún, se creó una doctrina de responsabilidad social de los científicos, como si los logros científicos fueran inventos en lugar de descubrimientos, y entonces el científico pudiera elegir qué descubrir.


(PD)


Se empezó a juzgar a las ideas científicas en términos de su peligrosidad política, como si la realidad tuviera que ajustarse a la medida ideológica humana. En lugar de clarificar que el “racismo científico” nunca fue ciencia, prácticamente se prohibió pensar en el ser humano como un ente biológico. Todavía hoy quien hable de cualquier tipo de diferencia innata entre las personas, será inmediatamente y sin matices tildado de nazi.

Todo eso derivó en un anticientificismo militante, impulsado paradójicamente desde la izquierda y el progresismo en todos los niveles. Y es raro porque hasta la segunda guerra mundial eran los grandes estamentos conservadores los que propugnaban la irracionalidad y el pensamiento mágico en las clases populares. Luego de la Guerra en cambio, el progresismo se puso con entusiasmo la camiseta retrógrada que hasta hacía poco llevaban las iglesias y las oligarquías.


(PD)


El marasmo intelectual en el que el mundo está sumido, desde Trump hasta Macri, tiene mucho que ver con esa actitud de la izquierda de negación y rechazo hacia el conocimiento. En el paupérrimo nivel intelectual del debate público, en Argentina y en el mundo, tal negacionismo progresista tiene una enorme responsabilidad.
Por supuesto que la derecha ayudó, son banales pero no estúpidos. Adoptó el discurso ñoño del progresismo podando cualquier detalle monetario. Con la caída del muro y el fin de los estados comunistas que aún mantenían el positivismo como justificación, el pensamiento posmoderno se hizo dueño de la mente occidental.

Hoy en día el ciudadano de a pié no distingue la ciencia de cualquier cosa que haga un científico. Y lo triste es que buena parte de los académicos, en particular en las áreas humanas, tampoco. Entonces si un científico dice y hace algo deplorable su responsabilidad se traslada del ámbito personal al epistemológico. Fue "a ciencia la responsable del hecho, no la persona del científico.

Por ejemplo, los experimentos secretos con medicamentos en Centroamérica en los 70’s no se discuten como responsabilidad de una decena de políticos y empresarios de EEUU, sino de la ciencia como modo de adquisición de conocimiento. Los 250000 muertos por la bomba de Hiroshima no se achacan a la ambición de poder de Harry Truman sino de la Teoría de la Relatividad y al pobre Albert Einstein.

Se asimila el realismo, la idea de que existe una realidad externa y que podemos entenderla, al autoritarismo de negar opiniones diferentes.

Al no distinguir la ciencia como método, de lo que haga cualquiera que se diga científico, se niega en carácter humano de los científicos. El científico hace ciencia cuando, en un laboratorio, aplica el método al conocimiento de la realidad. No cuando caga o cocina fideos.


(CC0)


Albert Einstein es un lindo ejemplo. Fue pacifista en todas las guerras, algo bastante generalizado en la comunidad científica de entonces y de ahora, que siempre fue muy internacional. De hecho, se opuso abiertamente a ambas guerras mundiales, lo que le valió el desprecio de muchos connacionales.

Su teoría de la Relatividad de 1905 decía que la materia y la energía eran la misma cosa, dos aspectos de la misma cantidad. A alguien se le ocurrió que si se pudiera extraer la energía contenida en un átomo, se podría hacer una bomba. Por supuesto, hecha esa propuesta, los estados imperiales empezaron a investigarla. Pero entre la teoría de la Relatividad y la explosión de Hiroshima pasaron 40 años. En esas décadas se descubrió nada menos que toda la Mecánica Cuántica. No hay absolutamente ningún modo en el que Einstein podría haber previsto en 1905 el resultado de su famoso artículo. Es absurdo siquiera plantearlo.

Ya famoso, Einstein huyó del nazismo y se refugió en EEUU. Allí, firmó una carta de varios académicos dirigida al entonces presidente Franklin D. Roosevelt, alertándolo sobre una posible bomba atómica nazi. Los que atribuyen responsabilidad moral a Einstein por haber firmado esa carta ¿qué hubieran hecho? Era un ser humano, con miedos y dudas. Conocía a Werner Heisenberg que dirigía el programa nuclear alemán, y que no era ningún estúpido. Si los nazis obtenían la bomba, hubieran dominado el mundo. Y aún así dudó, y tuvo que ser convencido por sus colegas para apoyar esa carta.

Son moralmente mucho más ambiguos Julius Oppenheimer o Enrico Fermi, quienes trabajaron directamente en el desarrollo del arma. E incluso así, no tanto: cuando la bomba se ensayó en Alamogordo, New Mexico, varios miembros del Proyecto Manhattan firmaron otra carta, pidiéndole al presidente Harry Truman que no la usara. Sugerían alertar al alto mando japonés de un ensayo en una isla del pacífico, para que pudieran verla, y así forzarlos a la rendición. Pero claro, a esa altura el objetivo de destruir Hiroshima no era detener a los japoneses ni a los nazis, sino asustar a los rusos. La decisión de arrojar la bomba fue una decisión política, y la responsabilidad les cabe a los políticos. No a Einsten ni a la ciencia.


(CC BY-SA 2.0, by romana klee)


Como conclusión: es ya hora de abandonar el negacionismo científico y el relativismo epistémico, porque no debilitan al poder, sino a los sectores populares que deben enfretarlo.

viernes, febrero 01, 2019

Del Hombre Nuevo al Varón Deconstruido


Durante la Revolución Francesa de 1789, la Assemblée nationale fue el órgano constituyente del gobierno revolucionario. A la izquierda del Presidente de la Asamblea, se sentaban los innovadores, aquéllos que querían que la Revolución resultara en un orden social enteramente nuevo, basado en la libertad del individuo y la igualdad de las personas. Por otro lado, a la derecha del Presidente se acomodaban los conservadores, quienen pretendían que la Revolución mejorara las cosas alterando lo menos posible el orden preexistente, que exaltaban la idea de una sociedad ordenada a partir de una jerarquía entre los hombres.

Ese es el origen de la idea de espectro político que, extendiendose desde la izquierda hasta la derecha, ordenó buena parte del debate politico en los dos siglos subsiguientes. Por ejemplo, siendo el marxismo una propuesta completamente innovadora de reordenamiento social, cuando surgió a mediados del sXIX se colocó fácilmente a la izquierda del mencionado espectro.


(PD)


Durante las decadas finales del siglo XX y con particular intensidad en las ya casi dos décadas del siglo XXI, las etiquetas izquierda y derecha dejaron de ser descriptivas de la posición política y se transformaron más en una especie de pertenencia, como una camiseta. En el discurso político presente, con frecuencia resultan tan conservadoras las propuestas etiquetadas como de izquierda, cuanto lo son por naturaleza las llamadas de derecha.

Arrastrada con patética impotencia por la ola propagandística de la derecha posterior a la caida del Muro, la izquierda ha renunciado completamente a cualquier aspiración de rediseño social. Su máxima aspiración ha dejado de ser la Revolución, para transformarse en la inclusión igualitaria de las minorías en la maquinaria del mercado. En lugar de destruir la picadora de carne, se plantea humildemente que la hamburguesa resulte equilibrada en la diversidad de sus componentes.




Así, se aceptan las reglas del juego del capitalismo globalizado, pero se le exige que reconozca el derecho de las mujeres trans lesbianas de raza negra, de ser explotadas por un mercado laboral desregulado y perverso en igualdad de condiciones con los hombres cis heterosexuales de raza blanca. Y a pesar de tratarse obviamente un esquema retrógrado y conservador, se tilda de reaccionario a cualquiera que se atreva a cuestionarlo.

Si nos atenemos a las definiciones originales de los términos, eso no es de izquierda. Es muy profundamente de derecha.

De izquierda no es combatir una imaginaria brecha salarial entre mujeres y hombres, sino usar esa imaginación para concebir un orden social donde el salario no exista como preocupación.

De izquierda no es pelear por el aborto para que un embarazo inesperado no corte la carrera de una pareja, sino diseñar un nuevo orden social donde cualquiera pueda planificar su familia sin limitaciones, y el cual que un eventual embarazo resulte un problema.

De izquierda no es hablar en jeringoso para que una de cada mil personas con disforia de género no se sienta ofendida, sino concebir un mundo donde tanto esa persona como las otras novecientas noventa y nueve, puedan realizar sus potencialidades sin ninguna limitación.

De izquierda no es rechazar la verdad objetiva y el método científico por el uso que la derecha en el poder ha hecho de sus logros, sino apropiarse de la ciencia y del conocimiento como la principal herramienta para cambiar el mundo.

Y finalmente, aún a riesgo de que me llamen viejo: de izquierda no es quejarse de una opresión muchas veces imaginaria, sino actuar con la determinación necesaria para terminar con la opresión real.


()

viernes, enero 25, 2019

Los ojos en las alas de las mariposas

Escuchando un delicioso Radioteatro distópico [1] que me pasó una amiga de Facebook, lleno de alusiones a 1984, THX1138 y Equilibrium, recordé un cuento de Patrice Duvic que fuera publicado en la inolvidable revista El Péndulo [2], titulado Los ojos en las alas de las mariposas.


Recomiendo que, si no lo han hecho, lean el cuento antes de continuar con este escrito, de modo de poder disfrutar ambos textos en su integridad.

La historia describe una dictadura opresiva, que se cimenta en una vigilancia continua sobre cada uno de sus ciudadanos. Todos viven bajo la certeza de ser observados todo el tiempo, y temen realizar cualquier acto ilegal, o incluso dejar traslucir en sus rostros una sombra de rebeldía.

Abundan las mariposas, de esas que tienen ojos en sus alas, a las que la gente común considera parte del aparato espía del gobierno y por lo tanto teme perturbar. Anidan incluso dentro de las casas y de las oficinas, donde todos pretenden no notarlas.

(CC BY-SA 4.0, by Babai1t8)

Recuerdo que esa historia me impresionó profundamente cuando la lei en mi adolescencia. Su punto central es que no es la vigilancia lo que crea la opresión, sino el miedo a estar siendo vigilado. En el relato, nadie sabe a ciencia cierta si las mariposas realmente los están mirando con los ojos de sus alas, pero el miedo es tan grande que nadie se atreve ni siquiera a expresar la duda.

Me pregunto cuánto se parece nuestro mundo al descripto en el cuento. Cuántos aspectos de la presente sociedad vigilada, que estamos convencidos que Internet ha creado, no son sino simples mariposas viviendo su sencilla vida, a las que nos hemos acostumbrado a temer.

Probablemente es verdad que podemos ser espiados con nuestros celulares, que nuestra actividad online puede ser registrada automáticamente, y que cualquier patrón inusual o subversivo puede ser detectado por redes neuronales entrenadas para eso. Tal vez es cierto también que nuestros dispositivos pueden ser hackeados, e infectados de material ilegal para comprometernos. Es posible que todo eso sea verdad.

Pero la pregunta es si es la vigilancia la estrategia de control social, o si es en cambio el miedo que tenemos a estar siendo observados lo que asegura que el poder nos mantenga bajo control. Y si lo miramos con un poco de escepticismo, las acciones concretas de los poderosos apuntan más hacia la segunda opcion.

(CC BY-SA 3.0, by Ravi Vaidyanathan)

En diciembre pasado, la Policía Federal denunció por “intimidación publica” a dos tuiteros conocidos del campo popular, @bartolomerulli y @LaAlfateraOk. La acusación era tan ridícula (haber repetido un cantito futbolístico contra Mauricio Macri) que el juzgado cerró una de las causas por inexistencia de delito sin siquiera tomar declaración a la persona imputada, y muy probablemente lo mismo suceda con la otra en cuanto termine la feria judicial.

Podríamos entonces preguntarnos ¿estamos ante una manifestación de la sociedad vigilada?¿debemos cuidarnos de lo que escribimos en las redes sociales, de lo que decimos en público, o incluso en privado? En lo personal, creo que la respuesta es sencilla: eso es lo que nos quieren hacer creer.

Analicémoslo un poco. La acción se tomó contra dos tuiteros conocidos, pero no masivos, logrando que todos nos enteremos, pero sin provocar el escándalo que hubiera causado un ataque a, digamos, @rinconet o @e_scribbler. En uno de los casos, la notificación la llevó la Federal en lugar del notificador del juzgado, que ingresó armada a la casa del tuitero, en un procedimiento intimidante y completamente fuera del protocolo usual. Estos detalles muestran que se procuró causar miedo y autocensura entre los usuarios de redes sociales.

Quieren convencernos de que las mariposas nos miran a través de sus alas.

Me parece que el cuento de Duvic nos dice cual es el camino a seguir: no ser imprudentes, pero a la vez no vivir con miedo. La manera de lograrlo entraña un desafío intelectual: hay que aprender los medios técnicos necesarios para defender nuestra privacidad en Internet. Pero eso no debería asustarnos, después de todo es nuestra inteligencia la razón principal por la que quieren hacerlo.

Algunas indicaciones superficiales en esa direccion, desde mi presente estado de casi completa ignorancia que pretendo revertir lo antes posible, son:
  • Mantengamos un anonimato superficial, revelando la menor cantidad posible de datos personales, o incluso sembrando datos ambiguos o confusos sobre nuestra identidad.
  • Usemos software libre de código abierto en la medida de lo posible para navegar por internet.
  • Usemos la red Tor [3] con Orbot [4] y alguna VPN cuando entremos en nuestras redes sociales.
  • Movamos nuestra actividad paulatinamente a redes sociales no centralizadas o no corporativas, como las que corren sobre blockchain [5] y las que componen el fediverso [6].
  • Traslademos de a poco nuestra mensajería personal desde Messenger y WhatsApp hacia Telegram [7] y XMPP [8].
Y, antes que nada, no tengamos miedo, porque
Los ojos en las alas de las mariposas no están allí para observarnos, sino para hacernos creer que nos observan.

jueves, agosto 23, 2018

Otra vez vienen por la Universidad

Lo debo haber escrito un millón de veces en las redes: la Universidad debe ser gratuita, debe ser abierta, y debe ser libre.



Universidad gratuita ¿por qué?
  1. Porque la educación es como el agua, un derecho humano, no un bien de mercado.
  2. Porque su función no es formar profesionales, sino ser el cerebro de la sociedad.
  3. Porque el capitalismo solo puede existir con la promesa del progreso personal.
¿Querés arancelar? Dale. Pero que lo paguen retroactivamente todos los profesionales, en ejercicio y retirados, por la vida que la universidad les regaló... Ehh ¡pará! ¡vení! ¡vení!

Fuente

Universidad abierta ¿por qué?
  1. Porque no se puede privar del derecho a estudiar a quien tuvo una mala educación en su infancia.
  2. Porque no podemos permitirnos perder el aporte de alguien al pensamiento sólo por su cuna.
  3. Porque el conocimiento sólo es útil cuando llega a la mayor cantidad posible de personas.
¿Querés examen de ingreso? ¡Dale! Pero que haya también examen final integrador, y que lo rindan todos los profesionales en ejercicio, para estar seguros de que no se robaron el título y de que se mantuvieron al día... Pará ¡no te vayas!

 

Universidad libre ¿por qué?
  1. Porque sólo quien es experto en una disciplina sabe hacia dónde debe ésta avanzar.
  2. Porque la universidad funciona como cerebro social sólo si es un ente autónomo sin control político.
  3. Porque la conveniencia política de una carrera o una línea de investigación no es un parámetro de calidad para el conocimiento.
¿Querés controlar el número de egresados de algunas carreras para que no saturen el mercado? ¡Perfecto! Hagamos un examen con un orden de méritos, entre los egresados de cada año y los profesionales en ejercicio. Si te supera un pibe, entregás la matrícula ¡Pero vení! ¡vení!...

 

Así que cortémosla con cuestionar la gratuidad, apertura y libertad de la Universidad después de haberlas aprovechado...

...la hipocresía hiede.

sábado, agosto 04, 2018

¿Trafico de partes de fetos?

A ver...

Analicémoslo desde el sentido común:

¿Hay un mercado? ¿Para qué querría alguien comprar partes de fetos? ¿qué utilidad podrían tener?


Fuente


Hipótesis 1


Los usan para investigación científica

No soy biólogo, ni trabajo en laboratorios que requieran tejidos humanos, así que lo mío no puede sino ser sólo una reflexión desde el sentido común y el conocimiento del sistema científico: es una hipótesis delirante.


¿Por qué?

Todas las investigaciones en áreas delicadas tienen normas éticas muy estrictas, impuestas por comités de bioética que evalúan la viabilidad moral de un proyecto científico. Si no las pasás, no tenés grants, los estados no te dan dinero. Y sin dinero no hay laboratorio.

Pero...

Supongamos que te cagaras en las normas éticas, le hicieras pito catalán al comité de bioética, y te hicieras financiar por un privado.

Tampoco funciona: es muy poco probable que un journal prestigioso se ensucie, publicando una investigación éticamente reprobable.

Pero supongamos que consiguieras un journal sin pruritos...

El punto es que una investigación sobre biología humana, para que sirva, tiene que se reproducible. Por eso en general se hace sobre tejidos y líneas celulares estandarizadas. No sirve un feto que sacaste de la basura.

Sería como poner tramperas para cazar ratas de albañal y pretender venderlas para reemplazar a los ratones blancos Los ratones se venden por líneas familiares, identificadas con códigos, por genomas específicos. Se producen en serie, como tuercas. Así asegurás reproducibilidad. Un experimento hecho con ratas de barrio no tendría el menos valor, porque nadie podría reproducirlo. No sería ciencia.

Tampoco lo sería un estudio hecho con partes de fetos de descarte de abortos, sacadas prácticamente de un tacho de basura...

Fuente

Hipótesis 2


Los usan para curar a los ricos

Acá entran el cultivo de media docena de corazones para Rockefeller, o el elixir de la juventud para Cruela De Vil.

Se trataría de aplicar una ciencia médica exclusiva, oculta a los comunes, que usa fetos para alargar vidas ricas. El tema es que la existencia de tal ciencia médica es muy poco probable.

La ciencia requiere masividad. Cientos de científicos trabajando en lo mismo y compitiendo por resultados. El secreto va en contra del desarrollo científico (y no, el Proyecto Manhattan no contradice esto).

Por otro lado, la ciencia necesita estadística. La medicina es particularmente sensible a la estadística. Una cura necesita probarse en miles antes de tener una idea confiable de como funcionará en alguien particular. Rockefeller no es tonto, no aceptaría ser un test subject.

Nadie descubre un tratamiento milagroso desde el completo secreto, porque necesita probarlo en cientos de personas. Incluso si se trata de un tratamiento con cabezas de fetos. No funciona así.

Además, si tal tratamiento milagroso existiera ¿cuantos fetos requiere cada ricachón al año? Los ricos son pocos. No es razonable suponer que su medicina frankensteiniana consuma fetos al ritmo necesario como para sostener un mercado. No dan los números.


Fuente


¿Y entonces?


¿Pero por qué entonces Planned Parenthood aparece escrachada haciendo lobby por la ley de aborto

Pues querido... ¡porque es su negocio! Los tipos hacen abortos, si lo legalizamos pueden abrir su quiosquito también acá. No es tan complicado

Y por otro lado ¿por qué podría El Disenso publicar una nota así? Mi respuesta es que son servis, y que la función de la nota es recalentar un debate que está fracturando al campo popular. Y de paso tapar uno de los peores momentos del gobierno, con lo de los aportes truchos.

Qué se yo. Hay que ser menos paranoico, más cínico, más racional, y más frío...

miércoles, agosto 01, 2018

Aborto: razones para moderar el griterio.

El aborto es un debate demasiado importante para darlo desde la emotividad. El corazón nunca fue una buena herramienta para dirimir disyuntivas políticas, y en este caso menos que en ninguno.

Aunque consuma más energía (¡y con lo que están las tarifas!) hay que encender la máquina de pensar. Y usarla.



La emoción dispara el sentido de pertenencia, el reflejo de separar el grupo humano entre los nuestros y los otros, entre los que empatizan, como yo y esos seres horribles que no sienten nada por el sufrimiento ajeno.

Y eso nos vuelve irracionales y muy manipulables. ¿O acaso crees que es casualidad que un gobierno de psicópatas decida abrir este debate?

Ellos saben lo que hacen, manipular es su especialidad. En especial cuando creés que no te están manipulando, que estás parado del lado de los buenos ¡es justamente cuando más lo están haciendo!


Leo compañeros del campo popular, que se acompañaron durante más de una década, acusándose mutuamente de monstruos, y jurando nunca más votar a ese legislador que traicionó la esencia del movimiento. ¿En serio no se dan cuenta de a quién le conviene este estado de cosas?

Si evitaran por un minuto que la emoción y la indignación los embriaguen, se darían cuenta de que la mayoría de los argumentos de ambos lados del debate son pura basura, sólo aceptable por quien quiere de antemano estar con los nuestros, los buenos y lejos de los otros, los malos.


Argumentos pro-life:

El más fácil es el que reza el feto está vivo. También lo estaba hasta el viernes la vaca que te comiste el domingo. No respetamos la vida de por sí, nunca lo hicimos. No existe un derecho a la vida, no es ese el valor que cuidamos.

Alguno enriquece un poco más la idea: el feto es vida humana porque tiene ADN humano. También lo tenían las células cutáneas que murieron la última vez que te rascaste, o la muela que te hiciste extraer. No es el ADN el valor a proteger, nunca lo fue, y no podría serlo.


La siguiente iteración es igualmente falaz, pero más sutil: el feto tiene la potencialidad de transformarse en persona. Claro, pero al afirmarlo ya estás admitiendo que ahora no lo es. Y además, cualquier núcleo celular puede, en las condiciones adecuadas, transformarse en persona.

No cuidamos la vida, ni el ADN, ni la potencialidadNo es así como funciona nuestro sistema de valores. Puede parecernos superficialmente que sí, pero es el aborto justamente el punto donde se hacen evidentes los sobreentendidos.


Y la verdad es que, si la emotividad no nos hackeara el intelecto, tendríamos que ver el elefante en la habitación:

En todos los argumentos que defienden la vida desde la concepción, está escondida la idea de un alma que entraría al embrión en ese preciso momento.

Y no hablo sólo de las personas religiosas, ojo: el esencialismo, la idea de que hay una esencia humana, es una forma de dualismo laico, un vicio de pensamiento muy difícil de erradicar. Todos caemos en él cuando estamos distraídos. Y todos lo estamos cuando nos golpeamos el pecho señalando el mal y la perversión en las ideas del otro...


Argumentos pro-choice:

El más fácil es el que reza mi cuerpo, mi decisión. No es tu cuerpo si hay otra persona en juego, tus derechos terminan donde empiezan los de otro. Imaginate si el padre usara ese argumento y no comprometiera su cuerpo trabajando para mantener al hijo.

Luego viene el festival de números: mueren quichicientasmil mujeres pobres por semana. Supongamos que esos números no fueran un invento. Si mueren intentando matar a otro, eso no constituye de ningún modo un justificativo para permitirlo. Mueren ladrones todos los días sólo por robar, y nadie habla de legalizar el hurto. No funciona así.


El argumento puede volverse aún más cínico: igual sucede, y en un hospital sería menos peligroso. Si alguien viola los derechos de otro, el hecho de que burle la prohibición de hacerlo no es justificación para permitírselo. Ningún sistema de valores funciona así.

De nuevo, si no estuviéramos embriagados de indignación contra los otros, veríamos el otro elefante en la habitación:

El embarazo no es el problema. El problema es una sociedad donde el embarazo es un problema.

Eso es lo que habría que atacar.



¿Por qué debatir, entonces?

En medio del griterío y las acusaciones cruzadas, lo único que no se debate es lo único que realmente habría que debatir:

¿Qué características debe tener un ser para considerarlo digno del derecho a la vida? 

La respuesta resolvería la discusión, y nos enriquecería.

Primero, sustentaría cualquier decisión que se tome acerca del aborto, sobre bases racionales y sostenibles en el tiempo. Si no hacemos eso, cualquier resultado hoy se basará en una muy voluble relación de fuerzas, que mañana puede cambiar y reeditar la discusión. Y los titiriteros, felices.


Pero además, le pondría un marco al progreso ético de la humanidad. La especie ha avanzanzado históricamente ampliando el grupo de pertenencia, incorporando aquéllos que nos parecen dignos de derechos: tribu, etnia, nación, raza, especie... ¿Qué viene luego?

¿Otras especies? Determinar las características básicas que hacen que un ser sea digno de derechos, demarcaría un punto de equilibrio entre el antropocentrismo extremo y el veganismo autonegador.


¿Inteligencia artificial? En algún momento en un futuro no muy lejano interactuaremos constantemente con máquinas que pasarán el test de Turing. Y comenzaremos a preguntarnos ¿es acaso ético apagarlas?


¿Y más adelante? No es posible predecir cuándo, pero en algún momento en el futuro podríamos encontrarnos con otras civilizaciones inteligentes. ¿Merecerá su vida nuestro respeto?


E incluso si estas cuestiones parecen bizantinas, pensemos con el mayor de los pragmatismos: ¿Quien gana con lo divisivo que se ha tornado este debate? Seguro que no es el pueblo.

sábado, julio 21, 2018

¿Cómo se hace la ciencia?

Publiqué esto como hilo en Twitter, con mi nueva cuenta @SeverianVIP, y dado que tuvo buena repercusión, decidí convertirlo en post, para difundirlo un poco mas. Alli vamos:

La carrera científica, las publicaciones, las becas, la evaluación, y todo eso. Y CONICET, claro.

El trabajo científico


Primero que nada ¿cómo trabaja un científico?

La literatura y el cine han creado un9a imagen romántica del genio, que dedica su inteligencia durante años a un problema, en general uno de aplicación práctica inmediata, y lo termina resolviendo por sí solo, revolucionando el mundo...

Y no es así, ni nunca lo fue.


Muy pocos científicos en la historia trabajaron aislados, solos, sin interactuar frecuentemente con sus colegas.

Pensando ejemplos sólo se me ocurre Mendel, descubridor de las leyes de la genética, quien era monje de clausura.

Incluso Darwin, que viajó solo por años, publicó su teoría después de discutirla con muchos colegas.

Pocos científicos hacen una contribución tan original que no estuviera flotando en el aire en los años previos. Incluso Einstein, a quien se romantiza como un visionario trascendental, usó transformaciones de coordenadas que habían sido descubiertas por Lorentz.

 

Casi ningún científico dedica su carrera a resolver un problema práctico de utilidad inmediata. Esos problemas o bien ya están resueltos, o bien son casi imposibles. A nadie le gusta vivir frustrado. La leyenda de Tesla, por ejemplo, lo deforma confundiéndolo con un ingeniero.

 

En la realidad, los científicos trabajamos en colaboración, en problemas altamente específicos y muy técnicos, cuya respuesta se sospecha en la comunidad desde hace años. Las aplicaciones prácticas vienen después, a veces siglos, otras sólo unos pocos años.

 

El sistema científico internacional


Hoy existe un sistema científico a nivel mundial, con una serie de reglas para validar una investigación. El sistema consta de
  • Instituciones
  • Investigadores
  • Journals
El sistema es dinámico y ha ido evolucionando en el último siglo, pero en la actualidad funciona más o menos como sigue:
  1. Las instituciones contratan a los mejores investigadores y los financian.
  2. Estos hacen sus investigaciones y las envían a los journals en forma de paper.
  3. Los journals hacen evaluar los manuscritos por otros investigadores, y deciden si publicarlos o no.
  4. Goto 1 

Es importante entender que:
  • Las instituciones no dirigen las investigaciones. Sólo deciden qué areas financiar.
  • Los journals no son parte de las instituciones, ni están bajo el control de los autores que publican en ellos.
  • El sistema es internacional, los paises no deciden cómo funciona sino sólo cómo integrarse en él.

La carrera científica


¿Como es la carrera científica?

El potencial científico debe primero recibirse, claro, en alguna carrera relacionada con lo que desea investigar. Pero el titulo no hace al científico: muchos científicos se reciben en un área y luego investigan en otra.

Después debe hacer un doctorado. Eso ya es hacer ciencia: involucra investigar y publicar. Es un trabajo, y las instituciones lo pagan en forma de becas doctorales. A continuación, debe trabajar varios años como posdoc, también investigando y publicando. Esto se paga con becas posdoctorales.

Finalmente, debe conseguir una posición permanente, un puesto estable de investigador en alguna institución. De ahí en adelante, trabajará toda su vida publicando en journals sus resultados.

En cada una de estas etapas, la calificación de un postulante para el puesto es evaluada por otros científicos, en función de la calidad de sus publicaciones en journals.

 

Es importante destacar que son los journals quienes evalúan la calidad y pertinencia de las investigaciones. La institución empleadora sólo paga el sueldo e impone la exigencia de que el investigador publique regularmente en journals prestigiosos.

Más allá del sueldo, para financiar cualquier otra cosa (un microscopio, una computadora, un equipo cualquiera de laboratorio, un insumo, etc) el científico necesita someter su proyecto de investigación a concurso en instituciones financiadoras. La evaluación de estos concursos la hacen otros científicos.

 

Entonces, la evaluación de becas, puestos permanentes y proyectos de investigación la hacen en general pares. Estos son científicos anónimos de otra institución, o a veces incluso de otro país, no relacionados con el postulante.

Yo, por ejemplo, evalúo proyectos de física teórica para la Universidad Nacional de Mar del Plata (UNMdP), la Universidad de Buenos Aires (UBA), el National Science Centre de Polonia, la Comisión Nacional de Investigación Científica y Tecnológica (Conicyt) de Chile, el Conselho Nacional de Desenvolvimento Científico e Tecnológico (CNPq) de Brasil, etc. Mis proyectos los evalúan personas que no conozco, a veces en otros países.

En parte debido al entorno capitalista, y en parte a la vocación y entrega general del gremio, el sistema científico es muy competitivo. Probablemente sea uno de los mercados laborales más competitivos del mundo. Se compite por publicar antes, por becas, por posiciones y por proyectos. Y se compite durante toda la vida.

 

El nivel de explotación al que se somete a los científicos jóvenes, posdocs sin cargo permante, es escandaloso. Personas de hasta 35-40 años altamente formadas, que no tienen un trabajo estable, que cambian de ciudad y hasta de país cada dos años, y que trabajan 7x24 para garantizarse un puesto laboral por otro par de años.

Incidentalmente, esta es la razón por la cual la carrera científica es excluyente hacia las mujeres: en el período más competitivo de su vida, una científica tiene que decidir si planea tener hijos o no. Si elige tenerlos, el tiempo y esfuerzo que deberá desviar de su trabajo hacia sus hijos, casi con seguridad resultara en la no obtención de una posición permanente.

 

Rol del Estado


¿Cómo es el sistema en el mundo?

En todo el mundo, las instituciones de investigación básica son estatales. El que diga otra cosa, o no tiene idea y confunde investigación científica con desarrollo tecnológico, o directamente miente.

Las instituciones empleadoras son universidades u organismos estatales centralizados, autónomos.

Las universidades privadas americanas o británicas, por ejemplo, son fundaciones o sociedades sin fines de lucro que se financian con dinero del Estado o con donaciones privadas deducibles de impuestos (lo que es básicamente lo mismo). El sistema francés, en cambio, tiene un empleador central estatal, el CNRS. Algo similar sucede en Italia, donde hay varias agencias estatales que emplean a los científicos, junto con las universidades.

Las instituciones financiadoras son estatales, en general con administración científica, y política, y participación de la sociedad

Por ejemplo, en estados unidos están la National Science Foundation (NSF), el National Institutes of Health (NIH) y el National Endowment for the Humanities (NEH), en Europa la Comisión Europea.

 

Los journals son privados, con o sin fines de lucro.

Esto los convierte en el eslabón mas débil del sistema, dando lugar a la aparicion de journals falsos que cobran por publicar y no controlan la calidad, o de editoriales prestigiosas que se vuelven explotadoras en sus precios. Por ejemplo, en épocas recientes hubo una rebelión contra la editorial científica más importante de Europa, Elsevier. Las universidades comenzaron a fundar journals para dejar de pagarle sus subscripciones usurarias.

 

El sistema científico argentino


En Argentina la institución empleadora es el Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET), modelado en el CNRS francés. Es un ente estatal centralizado y autónomo. Y en menor medida, las universidades nacionales.




CONICET y universidades actúan también como instituciones financiadoras, aunque para eso existe específicamente la Agencia Nacional de Promoción Cientifica y Tecnológica (ANPCyT).

 

  • Conicet paga becas doctorales, posdocs, y cargos permanentes. También paga proyectos de investigación.
  • ANPCyT paga proyectos científicos y tecnológicos, y financia startups privados.
  • Las universidades pagan unas pocas becas y unos pocos cargos de investigación con dedicación exclusiva.
CONICET es un organismo de excelencia, autónomo, sin funcionarios políticos con la sola la excepción de su presidente, que es designado directamente por el presidente de la nación. Lo maneja un directorio votado por los investigadores, donde el presidente tiene voz pero no tiene voto.

Se organiza en cuatro grandes áreas:
  • Exactas y naturales
  • Biológicas y de la salud
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Hay un área pequeña de tecnología, pero no se dedica a resolver problemas específicos de interés productivo inmediato, ya que para eso hay otros organismos (INTI, INTA, CNEA, CoNAE, etc).

Cada área se lleva cerca de un 25% del presupuesto

 

Tanto para becas, posiciones permanentes y ascensos, cuanto para proyectos, la asignación pasa por varias instancias de evaluación. Es muy difícil la asignación discresional de puestos, requiere de la complicidad o desatención de muchas personas.

Para una posición cualquiera se requiere:
  1. Firma de un director de tareas.
  2. Firma de un lugar de trabajo por el director de un instituto reconocido por Conicet.
  3. Aprobación de uno o dos evaluadores anónimos (es carga pública para los investigadores, todos evaluamos).
  4. Aprobación de la comisión ad-hoc para becas e ingresos en el área específica.
  5. Aprobación de la comisión de área, de gran área, y de la junta de calificaciones (donde todas las áreas pelean entre sí por la distribución de becas y presupuesto).
  6. Apobación del directorio (el cual, recordemos, no tiene funcionarios politicos).
En este contexto, afirmar que un gobierno asignó discresionalmente posiciones en Conicet es simplemente delirante. No seamos ingenuos: si los políticos pudieran asignar cargos a sus amigos en CONICET, no lo atacarían tanto...

 

¿Funciona el sistema argentino? Por supuesto que sí. Los científicos argentinos tienen en general una excelente reputación a nivel internacional, y somos una de las potencias científicas de la región. Baste mencionar que según datos de 2015, el ranking internacional SCImago nos pone en el segundo lugar el Latinoamérica, y en el primero entre los organismos gubernamentales de ciencia.

Conclusión


Por todo lo anterior, es sumamente doloroso para un científico que se lo trate de parásito del estado. Es una de las carreras menos cómodas y más competitivas a la que se puede aspirsr. Mucho más que buena parte del mercado laboral privado. Requiere competir y ser evaluado por todo, y todo el tiempo.

Siendo el sistema internacional, CONICET no decide qué temas deben investigar sus cientificos, el entorno internacional lo hace. Por esta misma razón, los científicos sin trabajo no se vuelcan al mercado privado. Se van del país.

 

Y el punto es que cuando te metés en una profesión con estos niveles de competencia, exigencia y estrés, lo hacés por pasión. No vas a dejar de hacerlo sólo porque aquí no te quieran. Con el dolor que eso involucre, te vas dónde si te quieran... y no volvés más
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