viernes, febrero 15, 2019

La angustia determinista

Mis alumnos me pidieron una clase sobre determinismo. Me pasé una mañana preparándola, sólo para que una hora antes me avisaran que no podían venir a clases. En fin, para algo se inventaron los exámenes…

La religión, la ciencia, y la legitimación del poder

En todas las épocas y en todas las culturas existió siempre una visión del mundo dominante, una idea compartida por la mayoría de las personas sobre cuál es el principio rector que ordena todas las cosas. En el pasado ese lugar era de la religión, hoy en cambio es ocupado por la ciencia.

Los sectores con poder político o las diversas facciones aspirantes a obtenerlo, siempre intentaron legitimarse por medio de la visión del mundo imperante. La discusión política, que siempre expresa intereses, se disfrazaba antes de un debate religioso sobre moral, y hoy de una disyuntiva científica sobre hechos. Lo que antes se atribuía al orden divino, hoy en cambio es caracterizado de verdad científica, según el esquema

“Es inútil que Ud. intente discutir (mi posición política) porque la (religión/ciencia) me da la razón.”

(CC BY-SA 3.0 by Niaz)

Así, antes la voluntad de Dios y la trama celeste, y hoy la biología humana y el determinismo físico, fueron y son usados como ariete por exégetas o subversivos del orden dominante. Por esto, al discutir sobre cualquiera de esos temas con poco cuidado, la discusión deviene política con facilidad.

Sin embargo, es evidente que el hecho de que un grupo use y abuse de una idea cualquiera, antes religiosa y hoy científica, para justificar su agenda, poco tiene que ver con la validez de la idea desde el punto de vista antes de la religion y hoy de la ciencia.

En el pasado, sólo cuando se entendía que las intrigas de la iglesia y la nobleza no estaban realmente basadas en moral, se podia discutir correctamente sobre religión. Hoy, sólo cuando se entiende que los griteríos pretenciosos de un mitín no están realmente basados en hechos, se puede discutir adecuadamente sobre ciencia.

El determinismo

Se puede definir determinismo como la idea de que conociendo completamente todo lo que pasa en el universo en un dado instante, se puede predecir completamente todo lo que sucederá en cualquier momento futuro.

El determinismo es un buen ejemplo de lo que se planteó más arriba. Es un tema tan polémico que incluso personas con nula formación científica tienen firmes opiniones al respecto. La razón es que las discusiones no técnicas sobre determinismo son políticas y no científicas, aunque en general los intervinientes no lo entiendan así.

Se ha abusado del determinismo tanto por derecha como por izquierda, anegando cualquier discusión de café. Por derecha entre otras cosas en el discurso de los gurúes económicos, que pretenden ser capaces de predecir el comportamiento del mercado. Por izquierda por ejemplo en la idea marxista de una historia lineal y predecible, que llevaría indefectiblemente al socialismo. Todas las facciones han tambien negado obsesivamente el determinismo, en un discurso contradictorio cuyo único fin es invalidar los plateos deterministas del sector opuesto.

(CC BY-SA 3.0 by Alpha Stock Images)

La idea misma de un universo determinista hace que muchas personas sientan que se cuestiona el libre albedrío, y que con eso se desvanece la idea de responsabilidad. Ernesto Sabato escribió en Uno y el universo,

La vertiginosa idea de que todo está inexorablemente vinculado y que una nariz diferente de Cleopatra habría producido una vida diferente del señor J. M. Smith, empleado del Banco de Boston, produce en muchas personas una especie de desmoralización: “Si eso es cierto —dicen—, no vale la pena esforzarse en nada”. No dándose cuenta de que si eso es cierto no hay tal efecto desmoralizador: esa aparente desmoralización estaba decidida de antemano por las infinitas causas que la precedieron.

La mecanica clásica y el determinismo Laplaciano

El determinismo en la física fue inicialmente derivado por Pierre-Simon Laplace como una consecuencia natural de los postulados de la mecánica clásica newtoniana.

(PD) Pierre-Simon Laplace

Laplace observó que conociendo las posiciones y velocidades de todas las partículas del universo en un dado instante, es posible predecir completamente sus posiciones y velocidades futuras.

Pero dado que todos los sistemas físicos están formados exclusivamente por partículas, conocer las posiciones y velocidades de todas ellas en el futuro implica predecir completamente lo que hará el sistema. Esto incluye predecir el comportamiento de los planetas, las galaxias y del universo a gran escala, pero también de los objetos a nuestro alrededor, de nuestros cuerpos e incluso de nuestros cerebros. Y esto implica por lo tanto que nuestra voluntad sería predecible.

Desde su formulación original, el determinismo laplaciano ha sido desafiado y redefinido en varios frentes. Casi todos estos desarrollos son confundidos con refutaciones en las discusiones de sobremesa. Tratemos de explicarlos un poco.

La mecánica estadística y la practicidad del determinismo

El primero en redimensionar el determinismo laplaciano fue Ludwig Boltzmann, creador de la mecánica estadística clásica.

(PD) Ludwig Boltzmann

La mecánica estadística no contradice el determinismo laplaciano, pero lo considera poco práctico a la hora de hacer predicciones reales. Después de todo, conocer completamente las posiciones y velocidades de todas las partículas del universo en un dado instante para poder predecir completamente el futuro, puede resultar una tarea titática.

¿Sería acaso posible predecir algo, aún a partir de un conocimiento incompleto? Boltzmann notó que teniendo información estadística parcial sobre las posiciones y velocidades de todas las partículas del universo en un dado instante, se puede obtener información estadística parcial sobre sus posiciones y velocidades en cualquier momento futuro.

Tener información estadística parcial sería por ejemplo conocer el volumen total del espacio en que se pueden mover las partículas, o su energía total, o su energía promedio, o la dispersión de sus energías (lo que llamamos temperatura). Con esa información incompleta Boltzmann fue capaz de asignar probabilidades a las posiciones y velocidades de todas las partículas, y fue así capaz de predecir las probabilidades para las posiciones y velocidades futuras. Pero el punto importante para nuestra discusión es que lo hizo usando las leyes deterministas de la mecánica clásica. Es decir que, a pesar de usar probabilidades, la mecánica estadística no niega el determinismo, sino que lo aprovecha.

¿Y qué significa esto para nuestra voluntad? ¿Somos acaso “más libres” gracias a la mecánica estadística? Pues no, me temo que más bien es al contrario: conociendo información estadística parcial acerca de nuestro cerebro, por ejemplo el estado de activación de cada una de nuestras neuronas, es posible usar métodos de mecánica estadística para conocer con detalle las probabilidades de cada una de nuestras posibles acciones futuras.

La teoría del caos y la posibilidad del determinismo

Una relativización más reciente del determinismo laplaciano viene de la mano de la teoría del caos, la cual se desarrollo a partir de las primeras simulaciones computacionales.

(CC BY-SA 3.0, by Wikimol & Dschwen) Atractor de Lorenz

Notemos primero que cualquier medida de la posición y velocidad de cualquier partícula tendrá siempre un cierto grado de imprecisión. Esto es asi porque los instrumentos de medida nunca dan resultados exactos. Tal imprecisión se puede hacer tan pequeña como se desee perfeccionando el instrumento, pero es inevitable y siempre será no nula. Es importante remarcar que esta limitación no es circunstancial sino parte de la realidad: es imposible construir un instrumento de medida cuyo dial tenga marcas arbitrariamente cercanas, o cuyo display tenga infinitos decimales.

La teoría del caos dice que una pequeña imprecisión en las posiciones y velocidades de todas las partículas del universo en un dado momento, se amplifica al transcurrir el tiempo, por lo que las posiciones y velocidades en cualquier instante futuro sólo se conocerán con una imprecisión que será mayor cuanto mayor sea el tiempo transcurrido.

El determinismo queda entonces limitado en el tiempo: podremos conocer el futuro, siempre que las imprecisiones no crezcan mucho. Esto puede ser en la práctica mucho menos limitante de lo que parece: el sistema solar es caótico, pero podemos calcular detalladamente dónde estará cada planeta dentro de milllones de años.

¿Y qué dice acerca de nuestra propia predictibilidad? Bueno, no hace mucho más que acotarla en el tiempo: para alquien con acceso al estado de nuestro cerebro somos predecibles en el corto plazo, y vamos dejando de serlo a medida que trnscurre el tiempo.

La mecánica cuántica y un nuevo determinismo

Finalmente, la última relativización del determinismo laplaciano viene dada por la mecánica cuántica, la mayor víctima de abuso filosófico de la historia de la ciencia.

(CC BY-SA 2.5, by Shizao)

La mecánica cuántica redefine las variables que hay que conocer para describir completamente el universo: ya no es necesario conocer las posiciones y las velocidades de todas las partículas, sino que alcanza con determinar sus posiciones o sus velocidades.

Simplificando un poco, la mecánica cuántica nos dice entonces que conociendo las posiciones o las velocidades de todas las partículas del universo en un dado instante, se pueden predecir las posiciones o las velocidades de todas las partículas en cualquier momento futuro.

En otras palabras, la mecánica cuántica bien entendida no es menos determinista que la mecánica clásica, sólo que predice un conjunto diferente de variables.

Ok, pero ¿recuperamos tal vez con esto nuestra tan preciada libertad? Lo dudo: siendo nuestro cerebro un sistema físico como cualquier otro, su estado -es decir nuestra voluntad- es igual de predecible a partír del conocimiento de las posiciones o las velocidades de todas sus partículas. Es cierto que aquí la cosa se vuelve confusa y las varias interpretaciones de la mecánica cuántica colisionan, y hay quien se aferra a esto como a una tabla del Titanic, pero lo cierto es que nuestra consciencia muy probablemente no sea un fenómeno cuántico, por lo que la mecánica cuántica no juega ningún rol en su descripción.

Conclusión

O sea que, en mas de un sentido, la física actual es tan determinista hoy como lo era en épocas de Laplace: el futuro del universo -incluyéndonos a nosotros mismos y a nuestras consciencias- es completamente predecible si se conoce completamente el estado presente. Sin embargo, esta predictibilidad puede ser impráctica, como nos enseña la mecánica estadística, puede estar limitada en el tiempo, como aprendemos de la teoría del caos, o referirse a un conjunto no estándar de variables, como sucede con la mecánica cuántica.

En cualquier caso, asociar cualquier redefinición moderna del determinismo a la libertad o a cualquier otra idea política, es absurdo. Y derivar de la redefinición del determinismo una limitación de la ciencia y un limite al poder, es además de tonto, suicida. El grado en que el universo es determinista no tiene ninguna implicación sobre el uso que el poder hace de la ciencia para autojustificarse.

Lo sano es dejar de mezclar ciencia con política, y entender que una discusión sobre hechos es diferente de otra sobre intereses.

miércoles, febrero 06, 2019

La hipótesis de Whorf-Sapir

Aclaremos por las dudas que la lingüistica está muy lejos de mi campo, y lo que sigue es completamente amateur y extraído de lecturas varias motivadas por la curiosidad.

Categorías semánticas y la hipótesis de Whorf-Sapir


Las palabras son etiquetas que les ponemos a cada una de nuestras categorías semanticas, es decir a cada conjunto de cosas u acciones que consideramos similares. Por ejemplo, la palabra perro designa aquéllas característica que tienen en común todos los objetos que consideramos perros. La palabra gato hace lo propio con los gatos. Las palabras perro y gato son diferentes, porque notamos que hay cosas que perros y gatos no tienen en común.









(CC0)

Así, las palabras que existen en nuestro idioma son reflejo de las categorías con las que construimos nuestra descripción del mundo. Palabras diferentes designan categorías diferentes, palabras iguales se refieren a la misma categoría (y cuando esto no pasa, el contexto lo resuelve).

Por supuesto, estas categorías están ligadas a la historia y al modo de vida del pueblo que las usa. La realidad que percibimos condiciona nuestras categorías y luego da forma a nuestro lenguaje. Por ejemplo en español decimos nieve, escarcha, hielo y poco más. Los finlandeses tienen ¡40 palabras! para designar distintos tipos de agua congelada.









(CC0)

Ahora bien, podríamos preguntarnos ¿sucede acaso lo opuesto? Es decir ¿condiciona nuestro lenguaje las categorías semánticas que somos capaces de imaginar, y luego la realidad que percibimos?

La hipótesis de Whorf-Sapir proclama que en efecto el lenguaje que hablamos limita nuestra visión del mundo, determinando la manera como clasificamos nuestras percepciones. Hay al menos dos versiones de la propuesta
  • La forma fuerte dice que el condicionamiento es absoluto. Somos incapaces de imaginar categorías que nuestro lenguaje no contiene.
  • La forma débil dice que sólo es parcial. El lenguaje nos limita y nos obliga a dar rodeos mentales para imaginar categorías nuevas.
La hipótesis fue propuesta en los ‘40 por el lingüista Edward Sapir y su discípulo Benjamin Lee Whorf, y estuvo muy de moda en los 60’, para ir perdiendo seguidores con el paso del tiempo.

Edward Sapir (PD)


Benjami Lee Whorf (Fair use)

El consenso actual parece ser (hasta donde llegué a leer) que el lenguaje puede afectar la capacidad de evocar hechos pasados, pero no la de distinguir datos del presente. Por ejemplo, si en nuestro idioma usamos la misma palabra para perro y gato, no perdemos la capacidad de ver que son animales diferentes, sino tal vez la de recordar si un cierto hecho pasado involucró un perro o un gato. En otras palabras, podríamos distinguir los 40 tipos de nieve, aún sin hablar finés.

Incluso si muy probablemente es falsa, la hipótesis de Sapir-Whorf es fascinante por varias razones. Concentrémonos en dos
  • Pone en un marco teórico varios intentos históricos de modificar el idioma (varios de ellos previos a que fuera formulada).
  • Es también el eje central de muchas obras literarias.

La hipótesis de Whorf-Sapir en la literatura


En 1984 de George Orwell, la dictadura de IngSoc impone la Neolingua como único lenguaje permitido a la población. Desprovista de palabras relacionadas con la disidencia política, su objetivo es evitar que los ciudadanos puedan siquiera imaginar la rebeldía.


En Babel 17, de Samuel R. Delany, los espías de una potencia extranjera se comunican en un idioma artificial que lleva ese nombre. Sus mensajes son interceptados por la inteligencia local, pero los criptógrafos que intentan descifrarlo sufren una especie de lavado de cerebro a medida que lo aprenden, y se transforman en espías.


En Los lenguajes de Pao, de Jack Vance, el planeta Pao es poblado por grupos humanos con idiomas completamente diferentes según su gremio: militares, campesinos, comerciantes, gobernantes. Solo en el idioma de estos últimos existen palabras que permiten conceptualizar el poder.


En La historia de tu vida, del increíble Ted Chiang, una lingüista aprende el idioma de una especie extraterrestre que percibe todo el tiempo como como un eterno presente. Al hacerlo, comienza a tener visiones de su futuro y de la vida de su hija aún no nacida. La película Arrival llevó esa historia al cine.


En Los libros del sol nuevo, de Gene Wolfe, Severian conoce a los ascios, una raza esclavizada por una dictadura absolutista, que sólo permite hablar usando frases de sus libros de propaganda, a lo que llama el pensamiento correcto. Contrariando la hipótesis de Whorf-Sapir, los ascios son capaces de usar frases de esos libros para expresar su rebeldía.


La hipótesis de Whorf-Sapir en la historia


Como los tiranos literarios, varios tiranos históricos pretendieron borrar algunos conceptos del imaginario de sus pueblos, eliminando las palabras que los designan. Una intuición pragmática y frecuentemente burda de la hipótesis de Whorf-Sapir.

La Constitución de Cádiz fue declarada por las cortes españolas el 19 de marzo de 1810, en el día de San José. Cuando Fernando VII fue restaurado en el trono, siguió un período de represión absolutista en el que resultaba peligroso incluso hablar de la Constitución. Surgió entonces el grito ¡Viva la Pepa! como un modo de celebrar la Constitución haciendo referencia a su día de nacimiento.

No resultó muy útil la represión de la palabra, Fernando VII se tuvo que tragar el sapo y jurar la Constitución años después.

Fernando VII (PD)

En 1792, los revolucionarios franceses establecieron un nuevo calendario, basado en el sistema decimal y limpio de referencias religiosas. La República pretendía así difundir sus valores en la población, de modo similar a lo que habían hecho antes los romanos al designar a los meses julio y agosto en memoria de sus emperadores Julio y Augusto.

Sin embargo, los nombres romanos llegaron a nuestros días, mientras que el calendario republicano francés fue olvidado, luego de ser derogado por Napoleón para amigarse con la Iglesia. De los nombres de sus meses nos queda Germinal, la novela de Emile Zola que pocos leyeron, y Termidor, el vino barato que todos probaron.

Maximilien Robespierre (PD)

En 1956, ese ser nefasto que fue Pedro Eugenio Aramburu promulgó el decreto 4161, que prohibía mencionar los nombres de Juan Domingo Perón y Eva Duarte de Perón, y hacer cualquier mención al peronismo. Con penas de prisión de hasta seis años, contenía una lista de las palabras prohibidas.
Lejos de lograr su objetivo, esa política de desperonización de la población llevó a los jóvenes de la década siguiente a enrolarse en el peronismo idealizando al General.



¿Qué podemos aprender de estos ejemplos literarios e históricos? Que la hipótesis de Whorf-Sapir no funciona de una manera tan sencilla: las modificaciones del lenguaje sólo prenden si reflejan una modificación anterior de las categorías semánticas subyacentes en las que clasificamos la realidad.
Los españoles querían una Constitución, y Fernando VII la tuvo que deglutir. Los franceses no necesitaban un nuevo calendario, y no lo adoptaron. El pueblo argentino no iba a olvidar al peronismo porque se prohibiera nombrarlo, y eso no sucedió.

La hipótesis de Whorf-Sapir y la militancia progresista


Para terminar este post haciendo amigos como es mi costumbre, analicemos la versión presente de la hipótesis de Whorf-Sapir: el lenguaje inclusivo.

Según sus promotores, si elimináramos las palabras que usamos para discriminar a las personas por su género, no seríamos capaces de hacerlo. Los que los escritores compulsivos de x’s y e’s no parecen entender es que, como se ve en los ejemplos históricos antes mencionados, van a contramano de la dirección histórica cambio lingüístico.

Sólo si primero se produce un cambio en las categorías semánticas, es decir una modificación en la percepción de la realidad, entonces y solo a posteriori podría adoptarse un lenguaje que lo refleje. Si los hispanoparlantes percibiéramos la tan mentada fluidez de los géneros, cambiaríamos nuestro idioma para reflejarla, sin necesidad de que nadie nos impela ello.







(CC0)

Sin embargo, hay otro fenómeno lingüístico que puede aplicarse aquí: a veces una porción de la población utiliza un lenguaje de prestigio como modo de diferenciarse de los demás, realzando su pertenencia a un grupo y su diferencia con otros. Esto causó por ejemplo el big vocalic shift, alejando al inglés oral de su versión fonética en caracteres latinos. Uno se pregunta si no es la necesidad de mostrarse moralmente superiores y distintos del populacho discriminador lo que lleva a los chiquEs a hablar en jeringoso.

viernes, febrero 01, 2019

Del Hombre Nuevo al Varón Deconstruido


Durante la Revolución Francesa de 1789, la Assemblée nationale fue el órgano constituyente del gobierno revolucionario. A la izquierda del Presidente de la Asamblea, se sentaban los innovadores, aquéllos que querían que la Revolución resultara en un orden social enteramente nuevo, basado en la libertad del individuo y la igualdad de las personas. Por otro lado, a la derecha del Presidente se acomodaban los conservadores, quienen pretendían que la Revolución mejorara las cosas alterando lo menos posible el orden preexistente, que exaltaban la idea de una sociedad ordenada a partir de una jerarquía entre los hombres.

Ese es el origen de la idea de espectro político que, extendiendose desde la izquierda hasta la derecha, ordenó buena parte del debate politico en los dos siglos subsiguientes. Por ejemplo, siendo el marxismo una propuesta completamente innovadora de reordenamiento social, cuando surgió a mediados del sXIX se colocó fácilmente a la izquierda del mencionado espectro.


(PD)


Durante las decadas finales del siglo XX y con particular intensidad en las ya casi dos décadas del siglo XXI, las etiquetas izquierda y derecha dejaron de ser descriptivas de la posición política y se transformaron más en una especie de pertenencia, como una camiseta. En el discurso político presente, con frecuencia resultan tan conservadoras las propuestas etiquetadas como de izquierda, cuanto lo son por naturaleza las llamadas de derecha.

Arrastrada con patética impotencia por la ola propagandística de la derecha posterior a la caida del Muro, la izquierda ha renunciado completamente a cualquier aspiración de rediseño social. Su máxima aspiración ha dejado de ser la Revolución, para transformarse en la inclusión igualitaria de las minorías en la maquinaria del mercado. En lugar de destruir la picadora de carne, se plantea humildemente que la hamburguesa resulte equilibrada en la diversidad de sus componentes.




Así, se aceptan las reglas del juego del capitalismo globalizado, pero se le exige que reconozca el derecho de las mujeres trans lesbianas de raza negra, de ser explotadas por un mercado laboral desregulado y perverso en igualdad de condiciones con los hombres cis heterosexuales de raza blanca. Y a pesar de tratarse obviamente un esquema retrógrado y conservador, se tilda de reaccionario a cualquiera que se atreva a cuestionarlo.

Si nos atenemos a las definiciones originales de los términos, eso no es de izquierda. Es muy profundamente de derecha.

De izquierda no es combatir una imaginaria brecha salarial entre mujeres y hombres, sino usar esa imaginación para concebir un orden social donde el salario no exista como preocupación.

De izquierda no es pelear por el aborto para que un embarazo inesperado no corte la carrera de una pareja, sino diseñar un nuevo orden social donde cualquiera pueda planificar su familia sin limitaciones, y el cual que un eventual embarazo resulte un problema.

De izquierda no es hablar en jeringoso para que una de cada mil personas con disforia de género no se sienta ofendida, sino concebir un mundo donde tanto esa persona como las otras novecientas noventa y nueve, puedan realizar sus potencialidades sin ninguna limitación.

De izquierda no es rechazar la verdad objetiva y el método científico por el uso que la derecha en el poder ha hecho de sus logros, sino apropiarse de la ciencia y del conocimiento como la principal herramienta para cambiar el mundo.

Y finalmente, aún a riesgo de que me llamen viejo: de izquierda no es quejarse de una opresión muchas veces imaginaria, sino actuar con la determinación necesaria para terminar con la opresión real.


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viernes, enero 25, 2019

Los ojos en las alas de las mariposas

Escuchando un delicioso Radioteatro distópico [1] que me pasó una amiga de Facebook, lleno de alusiones a 1984, THX1138 y Equilibrium, recordé un cuento de Patrice Duvic que fuera publicado en la inolvidable revista El Péndulo [2], titulado Los ojos en las alas de las mariposas.


Recomiendo que, si no lo han hecho, lean el cuento antes de continuar con este escrito, de modo de poder disfrutar ambos textos en su integridad.

La historia describe una dictadura opresiva, que se cimenta en una vigilancia continua sobre cada uno de sus ciudadanos. Todos viven bajo la certeza de ser observados todo el tiempo, y temen realizar cualquier acto ilegal, o incluso dejar traslucir en sus rostros una sombra de rebeldía.

Abundan las mariposas, de esas que tienen ojos en sus alas, a las que la gente común considera parte del aparato espía del gobierno y por lo tanto teme perturbar. Anidan incluso dentro de las casas y de las oficinas, donde todos pretenden no notarlas.

(CC BY-SA 4.0, by Babai1t8)

Recuerdo que esa historia me impresionó profundamente cuando la lei en mi adolescencia. Su punto central es que no es la vigilancia lo que crea la opresión, sino el miedo a estar siendo vigilado. En el relato, nadie sabe a ciencia cierta si las mariposas realmente los están mirando con los ojos de sus alas, pero el miedo es tan grande que nadie se atreve ni siquiera a expresar la duda.

Me pregunto cuánto se parece nuestro mundo al descripto en el cuento. Cuántos aspectos de la presente sociedad vigilada, que estamos convencidos que Internet ha creado, no son sino simples mariposas viviendo su sencilla vida, a las que nos hemos acostumbrado a temer.

Probablemente es verdad que podemos ser espiados con nuestros celulares, que nuestra actividad online puede ser registrada automáticamente, y que cualquier patrón inusual o subversivo puede ser detectado por redes neuronales entrenadas para eso. Tal vez es cierto también que nuestros dispositivos pueden ser hackeados, e infectados de material ilegal para comprometernos. Es posible que todo eso sea verdad.

Pero la pregunta es si es la vigilancia la estrategia de control social, o si es en cambio el miedo que tenemos a estar siendo observados lo que asegura que el poder nos mantenga bajo control. Y si lo miramos con un poco de escepticismo, las acciones concretas de los poderosos apuntan más hacia la segunda opcion.

(CC BY-SA 3.0, by Ravi Vaidyanathan)

En diciembre pasado, la Policía Federal denunció por “intimidación publica” a dos tuiteros conocidos del campo popular, @bartolomerulli y @LaAlfateraOk. La acusación era tan ridícula (haber repetido un cantito futbolístico contra Mauricio Macri) que el juzgado cerró una de las causas por inexistencia de delito sin siquiera tomar declaración a la persona imputada, y muy probablemente lo mismo suceda con la otra en cuanto termine la feria judicial.

(Captura)

Podríamos entonces preguntarnos ¿estamos ante una manifestación de la sociedad vigilada?¿debemos cuidarnos de lo que escribimos en las redes sociales, de lo que decimos en público, o incluso en privado? En lo personal, creo que la respuesta es sencilla: eso es lo que nos quieren hacer creer.

Analicémoslo un poco. La acción se tomó contra dos tuiteros conocidos, pero no masivos, logrando que todos nos enteremos, pero sin provocar el escándalo que hubiera causado un ataque a, digamos, @rinconet o @e_scribbler. En uno de los casos, la notificación la llevó la Federal en lugar del notificador del juzgado, que ingresó armada a la casa del tuitero, en un procedimiento intimidante y completamente fuera del protocolo usual. Estos detalles muestran que se procuró causar miedo y autocensura entre los usuarios de redes sociales.

Quieren convencernos de que las mariposas nos miran a través de sus alas.

Me parece que el cuento de Duvic nos dice cual es el camino a seguir: no ser imprudentes, pero a la vez no vivir con miedo. La manera de lograrlo entraña un desafío intelectual: hay que aprender los medios técnicos necesarios para defender nuestra privacidad en Internet. Pero eso no debería asustarnos, después de todo es nuestra inteligencia la razón principal por la que quieren asustarnos.

Algunas indicaciones superficiales en esa direccion, desde mi presente estado de casi completa ignorancia que pretendo revertir lo antes posible, son:
  • Mantengamos un anonimato superficial, revelando la menor cantidad posible de datos personales, o incluso sembrando datos ambiguos o confusos sobre nuestra identidad.
  • Usemos software libre de código abierto en la medida de lo posible para navegar por internet.
  • Usemos la red Tor [3] con Orbot [4] y alguna VPN cuando entremos en nuestras redes sociales.
  • Movamos nuestra actividad paulatinamente a redes sociales no centralizadas o no corporativas, como las que corren sobre blockchain [5] y las que componen el fediverso [6].
  • Traslademos de a poco nuestra mensajería personal desde Messenger y WhatsApp hacia Telegram [7] y XMPP [8].
Y, antes que nada, no tengamos miedo, porque
Los ojos en las alas de las mariposas no están allí para observarnos, sino para hacernos creer que nos observan.

miércoles, enero 09, 2019

Experimento divulgativo: el electromagnetismo

Imaginate todo el espacio lleno de líneas, como una red cuyos hilos cruzan flotando la habitación y se enrollan de manera màs o menos caprichosa. Algo así, en todas partes a tu alrededor

(CC BY 3.0, by Kokcharov)

Hay dos tipos de lineas: rojas (o eléctricas) y azules (o magnéticas). Esas lineas se organizan y se mueven siguiendo cuatro leyes, que descubrió Michael Faraday y formalizó James Clerk Maxwell.
  1. Las líneas azules no tienen principio ni fin: o bien son cerradas, o bien se extienden infinitamente en ambas direcciones. Es decir que si seguimos una linea azul en una dirección, entra a la habitación y luego sale de ella, una o más veces. En otras palabras, el número de líneas azules que entran a un espacio cerrado es igual al número de líneas azules que salen de él.
    Esta es una de las leyes de Maxwell, que si bien no tiene nombre podemos llamar ausencia de monopolos magnéticos, recordando a Paul Adrien Maurice Dirac, quien probó que es un mal nombre.
    Paul A. M. Dirac (PD)
  2. Las líneas rojas en cambio, pueden ser cerradas, o bien pueden empezar y terminar en sus extremos, que llamamos cargas. Entonces una linea roja que entra en una habitación o bien sale de ella, o bien termina en una carga situada bajo ese techo. Por otro lado, una linea roja que sale de una habitación o bien entró en ella, o bien empezó en una carga en el interior. Concluimos que el número total de lineas rojas que salen de una habitación, menos el número de líneas que entran en ella, se relaciona con el número de cargas encerradas dentro. Para ser precisos, es igual al número de cargas en las que terminan lineas, menos el número de cargas en las que empiezan lineas.
    Esta es otra de las leyes de Maxwell, conocida como Ley de Gauß, por el matemático Carl Friedrich Gauß (o Gauss), quien sentó las bases matemáticas para su enunciación. Esta ley de permite saber cuántas lineas entran y salen de la habitación contando sus extremos, las cargas dentro de ella.
    Carl Friedrich Gauß (PD)
  3. Las lineas azules aprietan a las líneas rojas cuando se enrollan a su alrededor, como si fueran una banda elástica, obligándolas a concentrarse y expulsando cualquier carga que haya dentro.
    Esto se conoce como Ley de Ampere-Maxwell, en honor a su descubridor André-Marie Ampere.
    André-Marie Apere (PD)
  4. Las lineas rojas atraen a las lineas azules cuando se enrollan a su alrededor, obligándolas a desconcentrarse alejándose unas de otras.
    Esta es la Ley de Faraday, casi en los términos en los que la enunció su descubridor, que no usaba matemáticas complejas en sus leyes.
    Michael Faraday (PD)

Estas leyes contienen un montón de física interesante. Para completarlas, hace falta decir cómo se usan las líneas para determinar el movimiento de las partículas:

  • Las partículas cargadas (aquéllas en las que terminan lineas rojas) se mueven de una forma determinada por las demás lineas rojas y azules: se aceleran moviendose cada vez más rápido en la dirección de las líneas rojas, y giran dando vueltas alrededor de las lineas azules.
    Esto se llama Fuerza de Lorentz, por Hendrik Antoon Lorentz, y en una configuración arbitraria de lineas, puede resultar en un movimiento muy complicado.
    Hendrik Antoon Lorentz (PD)

Esas son las leyes del electromagnetismo. Explican desde los rayos gamma hasta las ondas de radio, pasando por el ultravioleta solar del que nos protege el bronceador, la luz visible con la que leemos esto, el infrarrojo de la estufa, las microondas del celular, y los rayos X de una radiografía. En particular explican toda la electricidad, incluyendo las baterías, los motores eléctricos, la iluminación y la electrónica. También toda la óptica, con lentes, espejos, microscopios y telescopios, láseres y hologramas.

Imaginemos una cadena formada por lineas electromagnéticas. Cada eslabón es un rollo formado por varias lineas de un sólo color, rojas o azules. Los colores de los eslabones se van alternando rojo-azul-rojo-azul. Los eslabones pueden ser tan grandes como queramos, incluso tan enormes que las lineas parezcan rectas.

Supongamos que por alguna razón, las líneas azules que forman el primer eslabon se concentran un poquito más, apretándo a las líneas rojas del segundo. Por la ley de Amere-Maxwell, estas lineas rojas se concentrarán por la presión, haciendo que el segundo eslabón se haga más fino. Un eslabón más fino atrae menos a las líneas azules del tercer eslabón, que entonces se relajan concentrándosé. Pero esto reinicia el proceso, propagándolo al cuarto eslabón, y al quinto, y asi. Esto es una onda electromagnética, y dependiendo de qué tañ brusco sea el proceso se tratará de un rayo gamma, un rayo X, un fotón ultravioleta, visible o infrarrojo, un haz de microondas o una onda de radio.

Espectro electromagnetico (CC BY 3.0, by Inductiveload)

Esta imagen de lineas de campo se puede adquirir sin matemáticas, y luego se pueden formular matemáticamente las leyes a partir de ella. Por alguna razón que no llego a imaginarme, esta imagen de Faraday del electromagnetismo no es la que dan los cursos universitarios. Lo cual es una pena, porque es mucho más intuitiva que la imagen matemática, y es completa, contiene toda la física. De hecho es tan sencilla que podría enseñarse en los colegios secundarios.

Pero por ahora queda para mi tercera o cuarta próxima vida, aquélla que dedicaré a la enseñanza de la ciencia. Y para estos posts.

martes, enero 01, 2019

La paradoja de la información

Hace no mucho falleció el famoso físico inglés Stephen Hawking, conocido por el gran público gracias a sus excelentes libros de divulgación, y a su ejemplo de vida con su enfermedad, la esclerosis lateral amiotrófrica. Hablemos aquí de una de sus mayores contribuciones a la física, la llamada paradoja de la información.

Agujeros negros

Si, parados sobre la superficie de un cuerpo celeste, arrojamos hacia arriba un objeto cualquiera, éste subirá una cierta distancia y, luego de detenerse, comenzará a caer. Si lo arrojáramos un poco más rápido, subiría un poco más. Si pensamos que la gravedad es más débil cuanto más alto llegue el objeto, surge una pregunta natural: ¿hay acaso una velocidad inicial tal que el objeto seguirá subiendo indefinidamente sin volver a caer? Tal velocidad en efecto existe y se llama velocidad de escape, en la Tierra es de unos 11.2km/s.

La velocidad de escape será mayor cuanto más denso sea el cuerpo. En otras palabras, dados dos cuerpos celestes con la misma masa, tendrá una mayor velocidad de escape aquél cuyo radio sea más pequeño. También, dados dos cuerpos celestes con el mismo radio, la mayor velocidad de escape corresponderá al que sea más masivo. Por ejemplo, la velocidad de escape del Júpiter es de 59.5km/s, la del sol es de 618km/s,
(PD)

Los agujeros negros son los objetos más densos del universo, tanto que su velocidad de escape es mayor a la velocidad de la luz. Si desde la superficie de un tal objeto ilumináramos con una linterna hacia arriba, la luz llegaría hasta una altura máxima, que llamamos el horizonte del agujero negro, y luego ¡caería al igual que cualquier piedra! Pero, dado que sabemos que nada puede moverse más rápido que la luz, concluimos que nada podrá llegar a una altura mayor. En otras palabras, nada podrá escapar de un agujero negro, todo lo que arrojemos en él, se quedará allí para siempre.

Podríamos pensar que este carácter inviolable lo hace un buen refugio para guardar nuestros bienes preciados. Si viviéramos en el mundo opresivo de Fahrenheit 451, podríamos intentar esconder nuestra biblioteca en un agujero negro, arrojando los tomos a través del horizonte. El Aleph, La invención de Morel, y La máquina del tiempo quedarían así para siempre protegidos en sus oscuras profundidades.


La temperatura de un agujero negro

Los agujeros negros son máquinas de comer. Devoran todo lo que tienen a su alrededor. Y mientras lo hacen, crecen: la superficie del horizonte del agujero negro se hace cada vez más grande. Dado que nada puede salir de un agujero negro, esa superficie nunca puede disminuir. ¿Conocemos acaso alguna otra magnitud física que sólo pueda aumentar? Por supuesto que sí ¡la entropía!. El físico Jacob Bekenstein se preguntó:
Dado que la superficie del agujero negro se comporta igual que la entropía ¿no será acaso una medida de la entropía que contiene el agujero negro?
Por otro lado, los agujeros negros son objetos masivos. Y sabemos gracias a Albert Einstein que la masa y la energía son en realidad la misma magnitud. Es decir que un agujero negro es un objeto con energía.

Ahora bien: las leyes de la termodinámica nos dicen que un cuerpo que tiene ciertas cantidades de energía y de entropía, es un cuerpo que está a una dada temperatura. En otras palabras ¡los agujeros negros están calientes!

La radiación de Hawking y la paradoja de la información

Hawking notó que, dado que todos los objetos calientes emiten energía en forma de radiación, lo mismo deberían hacer los agujeros negros. De modo análogo al calor que sale de una estufa y que sentimos cuando acercamos las manos a ella, los agujeros negros también inundan su entorno de radiación calórica. A esa emisión se la conoce como radiación de Hawking.

(CC0)

Pero entonces de algún modo los agujeros negros están perdiendo energía, que se escapa lentamente en forma de calor. Si recordamos de nuevo que la energía y la masa son la misma cosa, esto significa que están perdiendo masa. Se achican lentamente, evaporándose.
Más despacio cerebrito ¿No dijiste que la entropía era la superficie? ¿que pasa si el agujero negro se achica? ¿acaso la entropía disminuye? 
No. La entropía total, o sea la del agujero negro más la de la radiación calórica emitida, siempre aumenta.
Ahora bien: si el agujero negro se empequeñece lentamente hasta que finalmente desaparece ¿qué pasó con las obras completas de Verne? ¿Dónde fueron a parar las novelas de Jack London? ¿Que pasó con la biblioteca que intentamos salvaguardar en su interior? ¿Desapareció acaso del universo toda esa bella literatura?

El hecho es que sabemos, gracias a la mecánica cuántica, que la información no puede desaparecer. Cuando los bomberos de Fahrenheit 451 queman un libro, parte de la información de sus páginas se va en el gas emitido por la combustión, y otra parte queda en las cenizas. Si tuviéramos microscopios de precisión infinita, siempre ganaría Montag.


Y hemos llegado, precisamente, a la paradoja de la información: cuando el agujero negro terminó de evaporarse, y sabiendo que la información no puede desaparecer ¿adónde fueron las historias de la biblioteca que habíamos arrojado dentro de él?

La salida más sencilla que podríamos imaginar sería: las obras de la biblioteca fueron emitidas en un broadcast literario hecho de radiación de Hawking. El problema es que esa radiación calórica de cuerpo negro ¡no transmite información!

La idea que ha tomado fuerza en los últimos años es que, tal vez, la radiación de Hawking no sea completamente radiación calórica de cuerpo negro, y contenga un “código” que llevaría a Las aventuras de Tom Sawyer y a El Jardín de los Senderos que se Bifurcan lejos del agujero negro antes de su desaparición. Pero al presente esto es pura especulación, y la paradoja de la información sigue siendo un problema fascinante.

Cerremos esta discusión mencionando que el legado de Stephen Hawking es hoy absolutamente inaplicable al mundo real,
  • No resuelve problemas práctico.
  • No genera dinero.
  • No les interesa a las empresas privadas.
Lo mismo pasó con el legado de Michael Faraday hasta el día de su muerte, e incluso hasta varias décadas después. Y dos siglos más tarde, sabemos que sin él este post sería apenas una carta y en lugar de cientos de lectores, tendría menos de una docena.

sábado, diciembre 29, 2018

Gulliver y la longitud

(PD)
Mientras preparaba una clase, donde pensaba hablar de giróscopos y barcos, recordé un pasaje de Los viajes de Gulliver, la célebre sátira política de Jonathan Swift, cuya mordacidad hoy se disimula haciéndola pasar por libro para niños.

Gulliver viaja a Luggnagg. una isla lejana donde a veces, en algunas familias, nace un niño con una marca que indica que será un struldbrug, es decir un inmortal. Cuando los lugareños le cuentan esto, Gulliver se maravilla, y fantasea con lo que haría si le hubiera tocado la suerte de ser un struldbrug. El detalle, que sólo le comentan luego de dejarlo desvariar durante varias páginas, es que los inmortales jamás dejan de envejecer. Con los años, los achaques de la vejez se vuelven cada vez mayores hasta ser omnipresentes: el inmortal no puede moverse, no escucha, no ve, ni siquiera puede recordar una palabra oída o leída al pasar a la siguiente.
En su fantasía, Gulliver sueña con los logros humanos que le tocaría presenciar

Añádanse a esto los placeres de ver las varias revoluciones de estados e imperios, los cambios del mundo inferior y superior, antiguas ciudades en ruinas y pueblos obscuros convertirse en sedes de reyes; famosos ríos reducidos a someros arroyos; el océano dejar unas playas en seco e invadir otras; el descubrimiento de muchos países todavía desconocidos; infestar la barbarie las más refinadas naciones y civilizarse las más bárbaras. Vería yo entonces el descubrimiento de la longitud, del movimiento perpetuo y de la medicina universal, y muchos más grandes inventos, llegados a la más acabada perfección.

Recordé el pasaje por la frase en negrita, en la que Gulliver fantasea con asistir al descubrimiento de la longitud, porque resulta que esa es una historia de lo más interesante.
Se refiere a la longitud geográfica, la cual junto con la latitud identifica completamente cualquier punto en la superficie de la Tierra. Los viajes de Gulliver se publicó en 1726, cuando la determinación de la longitud geográfica era uno de los problemas científicos de frontera.

 
(CC0)

La latitud se puede determinar de un modo relativamente sencillo. En el ecuador el sol brilla al mediodía exactamente en el cenit. Al movernos hacia el norte o hacia el sur, lo hace un poco más bajo cuanto más nos alejemos, y cuanto más próximo se encuentre el día más corto del año o solsticio de invierno. Entonces, sabiendo la fecha, y midiendo con un sextante la altura del sol sobre el horizonte al mediodía, se puede obtener la latitud con un simple calculo. Ese método ya se conocía bien en la época de Gulliver.

 
Sextante (PD)

La longitud en cambio, fue un problema abierto durante siglos. La expansión imperial europea requería cruzar los océanos en dirección este-oeste. Al ser incapaces de determinar la longitud, los navegantes no podían estimar cuántos días faltaban para llegar a puerto. Esto hacía imposible prever la necesidad de provisiones, localizar islas donde obtenerlas, y mantenerse lejos de costas peligrosas. Y eso costaba millones, en naufragios y buques perdidos, a los ricos comerciantes venecianos, holandeses, españoles, portugueses y británicos.

Sin embargo ningún emprendedor privado se ocupó de este problema, por considerarlo una apuesta poco segura y potencialmente muy cara. Tuvo que ser un Estado nacional quien se preocupara por dotar a su país de la ventaja estratégica que le daría ese descubrimiento. La primera recompensa para quien descubriera cómo medir la longitud fue puesta por la corona española a fines del siglo XVI. Siendo como eran reyes católicos, se ocuparon de la longitud y no de la bikini [1]. Holanda puso un premio similar en el siglo XVII, e Inglaterra en el siglo XVIII.

 
(CC BY SA 4) by A.Cano.2

La medida de la longitud empieza con la observación de que el sol sale antes cuanto más al este estemos. Eso implica que, en un momento dado, en cualquier punto al este de nosotros será más tarde que en nuestra posición, tanto más tarde cuanto más hacia el este. Entonces, para medir la longitud deberíamos conocer la hora local y la hora de un punto de referencia, por ejemplo el meridiano de Greenwich, o el de París, o el de Chascomús. Sabiendo la diferencia entre esas horas, se puede calcular la longitud.
Conocer la hora local es fácil, basta observar la altura del sol. Pero para conocer la hora de Greenwich se necesita un reloj sincronizado con ella. En esas épocas era imposible mantener un reloj sincronizado en un barco que se balanceaba todo el tiempo ¡los relojes eran de péndulo!

En el siglo XVII Galileo Galilei propuso usar su descubrimiento, los satélites de Júpiter, a modo de un reloj universal en el cielo, para determinar la longitud. El problema es que es muy difícil mantener un telescopio apuntando a Júpiter con la precisión necesaria en un barco que se balancea. Más tarde Edmund Halley propuso usar la Luna de un modo similar: la distancia entre la luna y alguna estrella lejana cambia muy lentamente y sirve como un reloj celeste, con la ventaja es que es mucho más fácil de observar que los satélites galileanos. Durante el siglo XVIII el método lunar se pudo perfeccionar gracias a Isaac Newton, el mencionado Edmund Halley, Leonard Euler y muchos otros, ehh, ñoquis [2] mantenidos con tus impuestos...

(CC BY SA 4 by Michael Daly)
Recién a mitad del siglo XIX fue posible construir relojes lo bastante precisos que funcionaran bien a bordo de un barco. Estos cronómetros funcionaban a cuerda, usando la teoría de la elasticidad desarrollada por otro inútil parásito del Estado [3], Robert Hooke.
El uso del cronómetro fue la marca de la superioridad naval inglesa por sobre las potencias continentales, que usaban el método lunar. Así, Inglaterra se hizo con el dominio del mar, hasta entonces en manos de españoles y portugueses. Un tonto el rey siglo anterior, haber tirado el dinero en esas estupideces en vez de haber invertido en cerveza artesanal [4]...
Mientras tanto por la misma época un tal Heinrich Hertz descubría las ondas de radio. Él mismo decía en ese momento que no servían para nada. Lo hacía extrapolando ideas de Michael Faraday y de James Clerk Maxwell, otros inútiles que investigaban tonterías que no le interesaban mercado [5]. Hacia principios del siglo XX, las costas continentales tenían grandes antenas que emitían continuamente un código conteniendo la hora del punto de referencia, para que al recibirlo los barcos pudieran calcular la longitud. Una de las primeras de tales antenas se instaló en la torre Eiffel.
 
(CC BY-SA 3 by Nitot)

Los métodos para medir la longitud siguieron avanzando durante el siglo XX. Se utilizaron las comunicaciones de onda corta, los cronómetros electrónicos de cuarzo, los satélites de comunicaciones, entre otros. Hoy usamos el Global Positioning System o GPS, que es uno de los logros tecnológicos más formidables del siglo XXI, y que requiere utilizar cálculos de Relatividad General, la teoría sobre cosas inútiles elaborada por el cómodo empleado público que no se ocupaba de resultados prácticos Albert Einstein [6].

Esta es la historia del descubrimiento con el que fantaseaba Gulliver cuando le hablaron de inmortalidad sin leerle la letra chica. Una historia hermosa de ciencia pura y aplicada, en la cual se ve claramente el rol crucial de los estados y el resultado a largo plazo de la inversión pública en desarrollo científico básico. Creo que Gulliver hubiera estado fascinado.

Aclaraciones para los no argentinos:

[1] Referencia al lobbysta pseudolibertario argentino Nicolás Milei, quien se burló en televisión de los científicos diciendo que investigan la patita de la mosca, en lugar de ocuparse de las necesidades reales del mercado como según él habría hecho el inventor de la bikini.

[2] Un ñoqui es alguien que cobra sin trabajar, una expresión que fue aplicada despectivamente a los científicos argentinos por los operadores políticos en las redes del presidente Macri, con el ibjeto de justificar el desguace del mejor sistema científico de Latinoamérica.

[3] Otra expresión usada por los trolls del gobierno argentino contra nuestros científicos.

[4] La derecha argentina legitima su política de ajuste con el discurso del emprendedor, que se queda sin trabajo y en lugar de quejarse se pone a fabricar cerveza artesanal.

[5] Otra referencia a la versión siniestra propalada por el poder argentino de que la ciencia debe ser útil, entendiéndose por ello privada y orientada exclusivamente a ganar dinero inmediato

[6] Más referencias al contexto político: se trata a los científicos de calidad argentinos como meros empleados públicos que viven cómodamente con el esfuerzo de los contribuyentes.
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miércoles, diciembre 26, 2018

Pattern recognition

Jung y el I-Ching

Me escribe un amigo, brillante filósofo amateur sobre temas varios, contándome su última obsesión: la inexplicable certeza del I-Ching.

 
(PD)

Me cuenta que, en su incansable exploración de fuentes de estímulo intelectual, cayó en el oráculo chino casi de casualidad, lo probó... ¡y quedó sorprendido por la certeza de las respuestas que surgían del libro! Parecían hablar de él, de su situación personal, de su vida.

Intrigado, comenzó a investigar y cayó en un escrito de Carl Gustav Jung, quien fuera junto con Sigmund Freud el cofundador del psicoanálisis. ¡Un prólogo al I-Ching! En ese texto, Jung relaciona al I-Ching con el azar, y a éste último con un supuesto funcionamiento íntimo del universo, inseparable de la psique.

El azar es la ausencia de causas y, dado que las causas de cualquier fenómeno se establecen dentro del modelo con que lo explicamos, el azar es simple desconocimiento, la ausencia de un modelo. Jung elabora una teoría que postula una supuesta relación acausal de la mente con los hechos observados. Llama a su teoría Sincronicidad (sólo para que varias décadas después The Police lo usara como título de su mejor álbum).

Por supuesto que Jung está hablando pavadas (y si alguien esperaba que yo dijera otra cosa, es que no me leen). Pero la razón es muy sutil.
Pionero de la impostación intelectual característica del psicoanálisis, Jung asegura que su teoría se fundamenta en nueva física. Supogo que se refiere a la entonces reciente mecánica cuántica, y su trágico error epistémico-político, la interpretación de Copenhagen. No voy a discutir aquí tal interpretación, solo diré que la mente no interviene en el colapso de la función de onda, eso es un error de la mala divulgación, demasiado popularizado.

Jung decía que su idea de conexión acausal funcionaba dando al I-Ching la posibilidad de ser tan certero en la predicción de los hechos. Leyéndolo, se hace evidente que con el I-Ching usó métodos muy psicoanalíticos: leía los hexagramas, y luego los interpretaba siguiendo el modo de "atención flotante" esto-me-sugiere-aquello tan caro a los freudianos.

Le transmití a mi amigo que a mí también me ha sorprendido el I-Ching. Invito a cualquiera a hacer la prueba, es realmente notable. Uno tira las monedas y luego lee el hexagrama, y parece que sin duda, el libro está hablando de su vida. A veces con una certeza increíble.

Ahora bien ¿cómo se explica? Antes de entrar en eso, déjenme referirme a otro fenómeno similar, y también sorprendente.

Dunne y los sueños


En el libro Un experimento con el tiempo (cuyo título, decía Borges, es uno de los mejores exponentes de tal género literario) el americano John William Dunne habla de sus sueños precognitivos.

Dunne era un ingeniero pionero de la aviación, un hombre pragmático con formación científica. Por lo tanto, cuando empezó a tener sueños predictivos buscó una confirmación experimental y una explicación racional. Montó un experimento para ver si sus sueños eran realmente predictivos: los escribía al despertar, antes de olvidarlos, y días después releía lo escrito buscando similitudes con los acontecimientos recientes de su vida.


(CC BY-SA 3.0, by TSRL)


Dunne notó que en su experimento aparecían más coincidencias, de lo que soñaba con lo que le pasaba después, de las que se podrían esperar a priori. Como Jung, creyó que estaba observando una propiedad del universo físico. Él lo interpretó como algo relacionado con el tiempo, en lugar de con el azar.

La teoría del Universo serial que elaboró Dunne para explicar sus observaciones era mucho más precisa (menos chanta, vamos) que la que Jung aplicó al I-Ching. Pero no menos equivocada. Ambos cayeron en la misma trampa: tanto Jung como Dunne eran personas inteligentes, y las personas inteligentes suelen acercarse a la verdad, aunque no lleguen a verla.

Apofenia y pareidolia


Jung intuyó que el I-Ching y el psicoanálisis estaban basados en el mismo fenómeno. Y algo similar pensó Dunne sobre sus sueños precognitivos. Y en eso ambos tenían razón: el fenómeno responsable de las predicciones asombrosas, tanto las del I-Ching cuanto la de los sueños, es el mismo en el que se basa el psicoanálisis. Su error fue creer que se trataba de un fenómeno físico, no lo es. Es un fenómeno psicológico conocido como Apofenia o, cuando nos limitamos a las impresiones sensoriales, como Pareidolia

  • Apofenia: consiste en la tendencia de la mente humana a ver estructura en el simple azar, a imaginar en datos aleatorios la presencia de patrones, orden y significado.
  • Pareidolia: es la tendencia a identificar formas y contenido en imágenes o sonidos que no contienen información. Puede entenderse como el fenómeno de apofenia aplicado a las impresiones sensoriales.

La pareidolia es lo que nos hace ver caras humanas en una foto de Marte, o escuchar susurros en la estática radial.

 
(PD)

La apofenia es la que nos hace ver estructuras causales, causas y consecuencias, en eventos no-relacionados.

 
(CC BY 2, by Frank Kovalchek)

El I-Ching, la atención flotante del psicoanálisis de Jung, y el registro de sus sueños que hacía Dunne, son disparadores de apofenia: un hexagrama cualquiera del I-Ching, o un sueño escrito al despertar, contienen frases y referencias sin relación inmediata con la realidad. Cuando la mente los lee buscando esa relación, la apofenia se activa e inmediatamente la encontramos. Como al mirar una imagen de Marte buscando una cara.

Cuando sucede una casualidad cualquiera y la encontramos increíble, de nuevo esta funcionando en nuestra mente la apofenia. En efecto, decimos que es imposible tanta casualidad porque queremos ver una causa, una estructura, donde realmente no la hay.

Muchas condiciones psiquiátricas se deben a un desenfreno de la apofenia o de su versión sensorial, la pareidolia. Un cerebro normal crea interpretaciones de la realidad a partir de los datos sensoriales y de la memoria, y luego el lóbulo frontal hace las veces de "crítico" de tales interpretaciones. Cuando tal crítica falla, se exacerban la pareidolia y aparecen las alucinaciones, y la apofenia y aparece el delirio. El ruido ambiente se transforma en voces, las sombras en demonios, muertos o santos, y el trato normal en persecución.

No sólo los oráculos (como el I-Ching, los sueños, o los psicoanalistas) explotan la apofenia. Muchos otros fenómenos culturales también. La astrología, la pseudociencia, las conspiraciones y la religión tienen mucho de apofenia: imaginar estructura donde no hay estructura, orden donde no hay orden, causas donde no hay causas.
La ciencia misma ha caído varias veces en la apofenia. Precisamente una de las virtudes del método científico es que nos permite librarnos de ella. Tal vez incluso deberíamos definirlo como aquéllas reglas que nos permitan identificar patrones sin caer en la apofenia.

Por otro lado, no todo son desventajas: tanto la apofenia como su versión sensorial la pareidolia, son elementos cruciales en el proceso creativo. Ver imágenes que no están, escuchar sonidos mudos, identificar patrones inexistentes, son el primer paso de la creación, tanto en el contexto artístico como en el científico.

El tigre que no estaba ahí


La apofenia es una ilusión psicológica, y parece a primera vista una debilidad de nuestra mente. Sin embargo, tiene una razón evolutiva, darwiniana, para existir:

  • Si en una oscilación de las hierbas imagináramos un tigre que no está ahí y saliéramos corriendo, no pagaríamos nada más caro que un ligero consumo de energía.
  • Si en cambio no llegáramos a vislumbrar, o descartáramos como una falsa alarma, al tigre que realmente está allí, nos transformaríamos en su cena.

(PD)


Es decir, el falso positivo, el ver una estructura donde no la hay, no hace daño. El falso negativo en cambio, puede matar. Por lo tanto, la evolución favorece las mentes que generan falsos positivos. Por eso la apofenia y la pareidolia son tan comunes en la mente humana.
En ese sentido, la apofenia no es mala, ni es una falla del pensamiento. Es una parte normal del proceso cognitivo. Lo importante es conocerla y mantenerla acotada donde pueda sernos útil, sin suprimirla completamente:

  • Si viviéramos demasiado atentos a la apofenia, perderíamos imaginación, dejando de crear de la nada patrones erróneos hasta vislumbrar el correcto.
  • Si en cambio no estuviéramos atentos a la apofenia, caeríamos en la alucinación y el delirio, o más simplemente en el pensamiento mágico y el autoengaño.

Por eso, con lo riesgoso que pueda resultar, la actitud correcta es caminar siempre en el filo de la navaja. Dejar rodar la apofenia, crear libremente interpretaciones de lo que nos ofrece la realidad, pero revisarlas críticamente con frecuencia.

 
(CC BY 4.0, by Michal Maňas)