miércoles, agosto 01, 2018

Aborto: razones para moderar el griterio.

El aborto es un debate demasiado importante para darlo desde la emotividad. El corazón nunca fue una buena herramienta para dirimir disyuntivas políticas, y en este caso menos que en ninguno.

Aunque consuma más energía (¡y con lo que están las tarifas!) hay que encender la máquina de pensar. Y usarla.



La emoción dispara el sentido de pertenencia, el reflejo de separar el grupo humano entre los nuestros y los otros, entre los que empatizan, como yo y esos seres horribles que no sienten nada por el sufrimiento ajeno.

Y eso nos vuelve irracionales y muy manipulables. ¿O acaso crees que es casualidad que un gobierno de psicópatas decida abrir este debate?

Ellos saben lo que hacen, manipular es su especialidad. En especial cuando creés que no te están manipulando, que estás parado del lado de los buenos ¡es justamente cuando más lo están haciendo!


Leo compañeros del campo popular, que se acompañaron durante más de una década, acusándose mutuamente de monstruos, y jurando nunca más votar a ese legislador que traicionó la esencia del movimiento. ¿En serio no se dan cuenta de a quién le conviene este estado de cosas?

Si evitaran por un minuto que la emoción y la indignación los embriaguen, se darían cuenta de que la mayoría de los argumentos de ambos lados del debate son pura basura, sólo aceptable por quien quiere de antemano estar con los nuestros, los buenos y lejos de los otros, los malos.


Argumentos pro-life:

El más fácil es el que reza el feto está vivo. También lo estaba hasta el viernes la vaca que te comiste el domingo. No respetamos la vida de por sí, nunca lo hicimos. No existe un derecho a la vida, no es ese el valor que cuidamos.

Alguno enriquece un poco más la idea: el feto es vida humana porque tiene ADN humano. También lo tenían las células cutáneas que murieron la última vez que te rascaste, o la muela que te hiciste extraer. No es el ADN el valor a proteger, nunca lo fue, y no podría serlo.


La siguiente iteración es igualmente falaz, pero más sutil: el feto tiene la potencialidad de transformarse en persona. Claro, pero al afirmarlo ya estás admitiendo que ahora no lo es. Y además, cualquier núcleo celular puede, en las condiciones adecuadas, transformarse en persona.

No cuidamos la vida, ni el ADN, ni la potencialidadNo es así como funciona nuestro sistema de valores. Puede parecernos superficialmente que sí, pero es el aborto justamente el punto donde se hacen evidentes los sobreentendidos.


Y la verdad es que, si la emotividad no nos hackeara el intelecto, tendríamos que ver el elefante en la habitación:

En todos los argumentos que defienden la vida desde la concepción, está escondida la idea de un alma que entraría al embrión en ese preciso momento.

Y no hablo sólo de las personas religiosas, ojo: el esencialismo, la idea de que hay una esencia humana, es una forma de dualismo laico, un vicio de pensamiento muy difícil de erradicar. Todos caemos en él cuando estamos distraídos. Y todos lo estamos cuando nos golpeamos el pecho señalando el mal y la perversión en las ideas del otro...


Argumentos pro-choice:

El más fácil es el que reza mi cuerpo, mi decisión. No es tu cuerpo si hay otra persona en juego, tus derechos terminan donde empiezan los de otro. Imaginate si el padre usara ese argumento y no comprometiera su cuerpo trabajando para mantener al hijo.

Luego viene el festival de números: mueren quichicientasmil mujeres pobres por semana. Supongamos que esos números no fueran un invento. Si mueren intentando matar a otro, eso no constituye de ningún modo un justificativo para permitirlo. Mueren ladrones todos los días sólo por robar, y nadie habla de legalizar el hurto. No funciona así.


El argumento puede volverse aún más cínico: igual sucede, y en un hospital sería menos peligroso. Si alguien viola los derechos de otro, el hecho de que burle la prohibición de hacerlo no es justificación para permitírselo. Ningún sistema de valores funciona así.

De nuevo, si no estuviéramos embriagados de indignación contra los otros, veríamos el otro elefante en la habitación:

El embarazo no es el problema. El problema es una sociedad donde el embarazo es un problema.

Eso es lo que habría que atacar.



¿Por qué debatir, entonces?

En medio del griterío y las acusaciones cruzadas, lo único que no se debate es lo único que realmente habría que debatir:

¿Qué características debe tener un ser para considerarlo digno del derecho a la vida? 

La respuesta resolvería la discusión, y nos enriquecería.

Primero, sustentaría cualquier decisión que se tome acerca del aborto, sobre bases racionales y sostenibles en el tiempo. Si no hacemos eso, cualquier resultado hoy se basará en una muy voluble relación de fuerzas, que mañana puede cambiar y reeditar la discusión. Y los titiriteros, felices.


Pero además, le pondría un marco al progreso ético de la humanidad. La especie ha avanzanzado históricamente ampliando el grupo de pertenencia, incorporando aquéllos que nos parecen dignos de derechos: tribu, etnia, nación, raza, especie... ¿Qué viene luego?

¿Otras especies? Determinar las características básicas que hacen que un ser sea digno de derechos, demarcaría un punto de equilibrio entre el antropocentrismo extremo y el veganismo autonegador.


¿Inteligencia artificial? En algún momento en un futuro no muy lejano interactuaremos constantemente con máquinas que pasarán el test de Turing. Y comenzaremos a preguntarnos ¿es acaso ético apagarlas?


¿Y más adelante? No es posible predecir cuándo, pero en algún momento en el futuro podríamos encontrarnos con otras civilizaciones inteligentes. ¿Merecerá su vida nuestro respeto?


E incluso si estas cuestiones parecen bizantinas, pensemos con el mayor de los pragmatismos: ¿Quien gana con lo divisivo que se ha tornado este debate? Seguro que no es el pueblo.

7 comentarios:

  1. Sí, concuerdo con que los argumentos son pésimos de ambos lados. Nunca pueden ser buenos, no solo en este tema sino en cualquiera, cuando se trata de confirmar opiniones preestablecidas.

    Respecto al asunto del feto. La cuestión no es si va a ser persona (porque ya lo es) sino que es localizar la diferencia específica entre los nacidos y los no nacidos. Y la única diferencia que encuentro es que al feto no le sobrevino el nacimiento y a los demás sí. No encuentro ningún argumento lógico para pensar que el no nacimiento hace una diferencia de naturaleza.

    Porque si entramos en esas disquisiciones (que para mi son absurdas y siempre lo fueron) uno podría decir que el bebé o beba hasta determinada edad no es bípedo por lo que no es un niño/a. O que el niño/a carece física y mentalmente de lo que no carece un púber y/o adolescente. Y que, a su vez, un adolescente carece de la estabilidad hormonal de un joven adulto. Y que un/a joven adulto/a, carece, a su vez, de la madurez de un hombre o mujer mayor. Etc., etc.

    Por eso no se puede definir la vida humana sin el concepto de totalidad desarrollable.

    Al feto no es que le faltan partes, le falta desarrollo para que se le distingan las partes a la totalidad que ya es. Lo mismo sucede con todas las otras etapas del ser humano. El hecho de nacer o no nacer nada significa en cuanto a esto. Solo que el feto se desarrolla en un "ecosistema" y los nacidos en otro.

    Al niño/a no es que le faltan hormonas, le falta desarrollo para que se distinga en la etapa subsiguiente. Y así sucesivamente.

    Cuando se habla de "actualizar una potencia" estamos hablando de la realidad de cosas que existen en el ADN, no de magia. Si existe el cerebro es porque la información para el cerebro ya estaba en el adn. Si existe el brazo es porque la información para el brazo ya estaba en el adn. Y así con todo. Esa información genética es una totalidad porque contiene todo para que seamos una sucesión de vivo, feto-bebé-niño/a-púber-adolescente-joven-maduro/a y viejo/a y muerto.

    No se puede cortar en ningún punto de la cadena, porque sería absolutamente arbitrario.

    Aclarado esto, la pregunta que habría que hacerse es qué características debería tener la cultura y sociedad humana para que se considere con optimismo la procreación, aún la que no fuera planificada.

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  2. Estoy de acuerdo con que cualquier punto de corte que se establezca es arbitrario. Sin embargo ¿convnís conmigo que tu visión es esencialista?

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  3. Depende de qué se entienda por esencialismo.

    Yo creo que mi visión es humanista, y no la inventé yo, tiene una larga tradición histórica.

    Sí tengo un gran optimismo en la capacidad creativa del individuo humano y la capacidad de la organización social de aprovecharse de eso; y que si hay algo que nos salve de la decadencia y de la autodestrucción provocada por la propia maldad, ignorancia y estupidez humana es justamente eso.

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  4. El humanismo no puede sino ser esencialista, me parece. En el sentido de que presupone la existencia de una "escencia" humana, algo que algunos entes externos tienen y otros no.

    Mi problema con eso es que los esencialistas jamás definen un procedimiento operativo, es decir una serie ordenada de pasos observacionales, mediante la cual verificarían la presencia o no de dicha escencia en un ente cualquirr

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  5. No tengo problema en ese sentido. La esencia humana es la potencialidad de la creatividad científica y artística. Lo que no quiere decir que todos seamos creativos, solo quiere decir que podríamos serlo.

    Es como tener un fórmula 1 en el garage de tu casa. Podés llevarlo a una pista de carreras y obtener de él el máximo rendimiento. O podés usarlo en la ciudad y vas a tener un rendimiento muy malo, incluso lo vas a fundir.

    Con la mente humana y la sociedad pasa lo mismo. Son las relaciones sociales las que tienen que construir las condiciones para que la mente de cada ser humano logre su máximo rendimiento. Si no se construyen esas condiciones será como usar el fórmula 1 en la ciudad y fundirlo.

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  6. Te contesto lo que te diría Jack: que algo sea "potencialmente" implica que no lo es "realmente".

    O en mis términos: tu definición no es operativa, no incluye una serie de pasos que pueda aplicar a un dado ente para saber si es humano no. Por eso depende de la convicción interna de quien la aplica, y no sirve para reglamentar acciones.

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  7. Si sos agricultor y vivís de la tierra, ¿no plantás la semilla de trigo y maíz porque no es "realmente" trigo y maíz sino semilla?

    Por más que no conozcamos todavía la "estructura genética" de la mente humana, qué perdemos con considerarla una semilla?

    Las pocas mentes creativas que hubo en el pasado -a pesar de las horribles condiciones sociales- nos dan el suficiente optimismo como para pensar que, en condiciones favorables, habría muchas más mentes creativas que contribuirán a sacarnos de los problemas en los que la humanidad se encuentra ahora.

    Las relaciones sociales deberían invertir mucho más en promover la concentración intelectual en los problemas y enigmas científicos y artísticos y sociales existentes que en el entretenimiento, las facultades deductivas o la transmisión del conocimiento pasado. No digo que esto último es malo, digo que es importante pero menos que lo primero.

    Deberíamos, como seres humanos, pensarnos a nosotros mismos como si tuviéramos un super gen que está aletargado en la mayoría de los seres humanos, pero que, si lo despertáramos, nuestra potencia para mejorar las relaciones entre nosotros y la naturaleza mejoraría notablemente.

    Esta es la paradoja en la que nos encontramos: para vernos a nosotros mismos como seres humanos necesitamos pensarnos como seres humanos.

    Lo que me permite pensar así es la historia humana, la cual verifica la existencia de la razón creativa humana, tanto en el ámbito de la ciencia como de las artes.

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